La vida es una barca.
Calderón de la Mierda
Eleo empezó
Con tesón ella esperaba en silencio, quizás fuera sutil, otro vano intento en esa larga carrera de esperar lo inexplicable; se sentó en esa estación vacía y esperó que llegara el tren.
Todas sus esperanzas las había puesto en su maleta, ilusiones a la izquierda, deseo a la derecha, esperanza bien en el centro, la cuota de decepción le había costado guardarla, incluso con remilgos la puso en el bolsillo con cierre, como si así pudiera contenerla, la angustia decidió no ponerla..Pesaba demasiado y era demasiado para sus livianos y ágiles hombros, la felicidad la hizo tambalear, donde debía ubicarla?, era un peso pesado en su vida…o la mas ligerísimas de las cargas, voluntad un poco más centrada a la izquierda, enseñanzas de vida pesaban pero no podía dejarla de lado…era todo su equipaje, de pronto descubrió que todavía no había lugar para tesón, pasión , amor, ternura y agobio…
Y así decidió partir sabiendo que dejaba de lado cuestiones importantes en su vida, pero que no necesitaban maleta.
Lentos pasos edificaban un camino hacia un futuro incierto…pero mucho más promisorio que quedarse esperando que?, Tomo la resolución, ya nunca más nadie sabría de ella…se puso la capa sobre sus hombros en una gélida mañana de invierno y partió , hacia cualquiera cosa que prometiera un futuro mejor…
Pasados unos días se sintió descomponer, se alarmo, pero acentuó lo imprevisible de saber que jamás podría escapar de su pasado, huellas había borrado, sinapsis de neuronas había logrado, pero nada podía dejar de pasar por alto …lo que latía en su vientre… tenia las marcas de sufrimiento latente…se sintió morir, pensó en la posibilidad de terminar en un instante en estas dos vidas que morían dentro de ella, porque en ella todo era muerte, todo era dolor, desconsuelo, y llanto, las pocas pertenencias felices que cargaba las había canjeado por un poco de comida..la voluntad la había perdido en un recodo de camino, la ilusión había permanecido impasible e indiferente ante todos sus esfuerzos…deseo era un vago recuerdo y había quedado hecho añicos cuando utilizo su cuerpo para saciar los deseos de otro…ternura había quedado aplastada bajo la necesidad de sobrevivir…se sentía indiferente, dura, hasta mala si hubiéramos considerado el concepto que ella había adoptado de niña sobre lo que estaba bien y estaba mal…y ella estaba maldita …por eso todo lo que crecía en su interior, la revolvía, la acechaba, la asqueaba, conectarse con su pasado era todo lo que ella jamás pensó que sucedería…
Eleo siguió
Y todo la volvía atrás, se acordó de Pedro, hombre de aparente mirada ingenua, se sintió adorada, deseada y todas sus murallas cayeron con estrépito, retumbaron los cielos y se entrego al amor esquivo. En un principio resistió sus miradas, su acoso, ella tan joven y el tanto caminado. Cuando se entregó en sus brazos se sintió como la arcilla, moldeable. Y Así fue. Pero él fue un pésimo escultor de su vida y todavía hoy pugna por escapar. Sangre que mancha sus manos. Era todo lo que ella habia permitido que quedara de Pedro en su vida, con ese líquido consistente, pegasoso, viscoso. Minerva había terminado con su agonia.
La Luna continuó
Y así llegó a la ciudad de ancestros precolombinos. una ciudad que aún guardaba mucho de sus antepasados y que al mismo tiempo los repudiaba. la gente mezclaba imprudentemente lo viejo y autóctono con lo foráneo y nuevo.
no supo orientarse allí y lloró durante horas en una esquina porque se perdió. Hasta que vino esa mujer con aires de bruja y le indicó el camino.
Caminó bien a partir de ahí. Encontró un trabajo, viajó por todo el país conociendo comidas, joyas, artesanías y gente. Y también el mar del pacífico y del atlántico. Conocíó a un hombre y con él fundó una comunidad para alimentar niños y viejos. Y aunque él la dejó siguió viaje más al sur, a donde desembarcó por el río, el primer día de octubre, un hermoso día peronista.
Kill continuó
-Es agotadora la sensación de impermanencia.
Decía y temblaban sus manos intentando no pegotearse con una medialuna de manteca, de esas tamaño pebete.
-¿Cómo puedo hacer para conseguir un cuarto decente?
Le pregunto con voz aporteñada, con un acento que gritaba a los cuatro puntos cardinales que no era de allí, que no pertenecía.
-Hacé dos cuadras por la avenida hacia la derecha, vas a encontrar una calle empedrada de una sola mano, caminá por ella hacia la izquierda unas cuatro cuadras, vas a encontrar un hotel, parece poco serio pero no lo es, se llama “Las Margaritas”. Intentá hablar con Dolores, es la dueña, decile que vas de parte mía.
Ella lo observó describir al mismo tiempo que secaba una jarra de porcelana blanca. Recordó sus palabras de aquella noche de pelea, “las mujeres no pueden hacer bien dos cosas a la vez, es algo genético”. Aquel comentario misógino había llegado a su cabeza en ese momento y mientras seguía recordando, el dueño del café se movía en cámara lenta. La vida gira, el sol siempre a mi izquierda, la situación frenó con un soplo repentino.
-¿Me escuchaste piba?
-Si, ¿cómo dijo que se llama?
-No dije pero me llamo Mario, ¿escuchaste bien lo de las gitanas del conventillo?
Ella asintió con su cabeza y emprendió el viaje, pensando y caminando, ¿habrá de salir algo mal?
Gabu continuó
Elucubraciones vanas, estancadas en un presente con pasado; sabe que está vacío el espacio donde tendría que estar él esperándola…
Llega al hospedaje y un cartel anuncia que “NO HAY HABITACIONES DISPONIBLES”. Se siente invisible, con los ojos llenos de ilusiones y lágrimas busca en el horizonte, quiere salir corriendo, ordenar su vida, pero por más que camine y camine por las calles no se pude hallar…
El sol comienza a caer en este viaje de círculos que la encuentra parada en el mismo punto de partida, confundida en un mar de lágrimas.
Sola en este desierto plagado de entes que continúan su andar, como autómatas que ven solamente hacia el frente.
Camina en línea recta, confía en llegar pero no hay fin ni meta…
Detenida, enfrascada en su burbuja de complejidades, no puede seguir el ritmo, alejada de la corriente de vanidades, comprende que la vida no es ofrecer a cambio de nada, ilusiones y soluciones mágicas, relaciones duraderas como hechizos de un Hada.
Una vez más su castillo de sueños se convierte en uno de cartas, vencida comienza nuevamente a forjar lo perdido, comienza a desandar para iniciar un cambio repentino.
A lo lejos se vislumbra una salida, una luz se prende y apaga. Camina hacia ella armándose de nuevas fuerzas.
Nuevamente un paso delante del otro y a reintentar.
Living Dead continuó
Una sensación dulce de optimismo, similar a las que producen las dósis excesivas de café o chocolate, se apoderó de su penoso presente. Sentada en una escalinata sucia de una calle sin nombre, apenas iluminada por un foco amarillento, que parecía observarla como el único ojo de un cíclope irónico, comenzó a deambular inerme por el delgado sendero que separa el sueño de la conciencia. Sus ojos entrecerrados sugerían siluetas engañosas remitiendo a recuerdos gratos: Su medalla de mejor alumna en sexto grado, que le había valido una reluciente bicicleta roja. El primer beso a los trece, fugaz e inexperto, pero que había acunado una brasita en su bajo vientre que al crecer se transformaría en un incendio de proporciones incalculables. Las meriendas de los domingos con sus padres y su hermano. Suiempre fueron inseparables, hasta aquel verano fatídico.
El recuerdo de aquel enero borró de su rostro la sonrisa involuntaria que se había tallado en él, regresándole la mueca de tristeza que llevaba como un estigma, como un tatuaje carcelario.
Su agotamiento extremo no le permitió en un primer momento sentir la humedad incipiente de su entrepierna. Un río carmesí tomó por asalto sus muslos, sus rodillas, generando un charco espeso en la tierra de la vereda sin embaldosar.
Un relámpago de lucidez iluminó sus pensamientos turbados por una modorra que se resistía a replegarse.
Intentó gritar, pero sus cuerdas vocales no le iban a permitir tanto. Con un hilo de voz, dijo:
-Me voy…
Eleo continuó
Y así llegó tambaleante a la casa de las luces que titilaban, la sangre seguía brotando de su entrepierna, sin fuerzas, su mano extenuada golpeó con debilidad la puerta y se sumó a la más profunda de las oscuridades.
Despertó días después, abrió los ojos, la cegaban unas luces albinas, la rodeaban mujeres con austeros hábitos, que recorrían metódicamente la sala aséptica de todo, de olor, de sonido de vida, sin notar su presencia. Minerva sólo alcanzó a escuchar murmullos y pasos rápidos, intentó reincorporarse pero su debilidad no se lo permitió, intentó mover sus manos, al menos ellas si tenían una cuota de fuerza y podían obedecerla. Recorrió su vientre con sus manos, al principio lo hizo con timidez, pero cuando lo sintió plano, vacío, abandonado, sus manos se agitaron histéricamente y cayó en la cuenta de lo sucedido.
De la sala del hospital brotó el aullido más irregular y espeluznante, un grito de desesperación, de angustia, un grito de muerte. Y con su boca, pastosa y seca, maldijo con fuerza, con violencia desesperada a Dios. Exhaló un suspiro deseando que fuese el último y cayo otra vez inconsciente. Entonces volvió a aquel Enero una vez más.
Living Dead continuó
Habían encontrado el lugar casi de casualidad, fue a partir de una de aquellas recomendaciones vagas que se suelen pasar por alto:
“Es un pueblito costero casi perdido. Alquilan unas cabañas casi en la playa misma. La tranquilidad es absoluta”
Sus padres no tardaron en decidir que el sitio se ajustaba, para las vacaciones familiares, a su presupuesto y expectativas. Muy a pesar de las quejas que sus 15 noviembres profirieron casi a gritos:
-Papá, ese lugar está muerto. No tiene vida nocturna. Vamos a estar nosotros solos…
Su hermano dos años mayor no dijo nada. Su carácter retraído lo había convertido en un ser reacio al trato social. Su cara afectada por un acné persistente tampoco ayudaba demasiado, al igual que su corpulencia rayana en la obesidad. Era poco menos que un autista, aunque su inteligencia era filosa como una daga.
La relación con Perseo (siempre odió la obstinación de sus padres con la mitología antigua), había cambiado desde el comienzo de su desarrollo.
Varias veces lo había descubierto espiándola mientras se cambiaba, o con los ojos clavados a cal y canto en las tenues protuberancias de su pecho adolescente. Prefería no obstante creer que eran suposiciones infundadas, que se perseguía inútilmente: El era su hermano, con quien hasta ayer nomás jugaba a las escondidas o a la escoba de quince.
La tarde del 15 de enero marcó un antes y un después en aquel verano, en su relación con el mundo y en toda la escala de valores que manejaba hasta allí. Lo ocurrido una tórrida tarde a la orilla del mar derrumbó su vida como si la hubieran dinamitado desde su base misma.
Aquella tarde sus padres habían decidido ir al pueblo por provisiones. Minerva había preferido quedarse para no perder el día de playa.
Vio alejarse el auto desde la costa y luego se internó en el mar, que por esas latitudes presentaba una plácida calma carente de oleaje. Nadó por unos 40 minutos, pensando en nada y jugando a ser una sirena, con el sector de su cerebro que confirmaba su condición de niña a contramano de unas caderas de contornos agresivos. Calientes.
Comenzó a salir del agua a paso lento, sus músculos aún reblandecidos por el intenso ejercicio. Cuando el líquido salado aún besaba sus rodillas, se frenó en seco. Su hermano estaba parado frente a ella. Y la miraba. La miraba como la había mirado muchas veces, pero esta vez la lascivia era inequívoca. Peligrosa.
Minerva observó sus ojos y no le gustó lo que vio. Un brillo extraño, hostil, cubriendo con un velo opaco los auténticos ojos de Perseo, que de todas maneras también estaban allí.
Ensayó una sonrisa poco convincente e intentando suprimir el temblor de su voz, dijo en un susurro:
-¿Qué pasa?
Eleo continuó
Minerva intentó pasar a su lado con agilidad, como si no hubiera leído en sus ojos la asquerosa insinuación. Apuró el paso, pero una férrea mano que atenazó su muñeca la paralizó. Intentó resistirse, miró a los alrededores pero era inútil, aquella solitaria e idílica playa que su padre había elegido a conciencia se convertía en una condena. Cayó al piso indefensa de un brutal golpe que la dejó atontada. A pesar de estose resistió como una salvaje. Perseo se abalanzo asquerosamente sobre ella, su lengua invadía todos sus rincones. Minerva peleó pero resultaba inútil ante los embates de su hermano que no reconocían razón. Lloraba silenciosamente por esta cruel circunstancia que le tocaba vivir. Su cuerpo era levantado y luego golpeado al ritmo del candente y alocado deseo de su hermano. Cuando le arrancó el bikini y la penetró con vehemencia, sólo puso protegerse en la inconsciencia. Rompió sus sueños de niña, pisoteó su inocencia, mancilló el autorespeto. Avergonzada, dejó de luchar cuando se dio cuenta de que todo intento era inútil. Con el último jadeo agónico, Perseo se levanto y huyó con celeridad. Dejándola, desnuda, herida, húmeda de semen, confundida y con la certeza de que su inocencia había muerto con el cuerpo de su hermano como arma.
Living Dead continuó
Despertó bañada en sudor, su entrepierna latiendo sordamente, los ojos desmesuradamente abiertos intentando familiarizarse con un entorno por completo desconocido.
Sus recuerdos comenzaron a ordenarse gradualmente y el inventario de su nueva realidad podía reseñarse con síntesis pasmosa: estaba en un país extraño, sin un peso ni un sitio a dónde ir, había perdido a su bebé como la más desamparada de las indigentes y la muerte, una vez más, había exhibido una mueca burlona pasando a su lado con soberana indiferencia.
Así estaban las cosas.
El lugar donde se hallaba parecía ser un convento o alguna clase de refugio para mendigos. Bastaba recorrer la estancia con la mirada para llegar a esa conclusión. Una habitación tenuemente iluminada, un vago olor a orines y una decena de despojos humanos olvidados por el mundo que yacían en camastros sencillos (como el suyo) sin hacer más que respirar maquinalmente, esperando sin prisa el momento en que su organismo deje de hacerlo, y así descansar.
De pronto una voz a sus espaldas la sacó de su trance. Sonaba cálida, aunque firme.
-¿Cómo te sientes?
Minerva se volvió sobresaltada…
-Bien…mal…no sé…
-Tranquila -dijo la mujer- aquí estás a salvo.La chica clavó sus ojos en los de la mujer. Tendría unos 60 años, contextura robusta y ojos de un azul muy profundo. Una vieja cicatriz nacía de su comisura derecha y se perdía bajo el cubre cabeza de un hábito marrón que la monja vestía con asombrosa prolijidad. Minerva no pudo evitar un sobresalto, que seguramente no pasó desapercibido para la mujer, sobre cuyo pecho un crucifijo de plata acompañaba sus movimientos con un bamboleo leve. La mirada de la mujer transmitía una rara serenidad.
Minerva no habló. Se limitó a asentir con la cabeza quizás esperando que la monja siguiera hablando. O tal vez que comenzara a cantar. Un arrullo estaría bien. Un arrullo como los que su madre le dedicaba cuando niña.
Nada de eso ocurrió. La religiosa le separó con delicadeza un mechón de cabello que colgaba sobre su frente y prolongó la caricia hacia su mejilla. Le dedicó una breve, preciosa sonrisa y se retiró diciéndole:
-Trata de descansar. Ya hablaremos más tarde.
Minerva siguió con la vista el andar sereno de la monja mientras se iba, hasta que desapareció por una puerta lateral. Entonces se arrellanó en el colchón y casi de inmediato se quedó dormida.
Esta vez no hubo pesadillas.
Gabu continuó
Se despertó en medio de la noche sintiendo la garganta seca, tanteó alrededor suyo creyendo haber visto un vaso de agua, pero no había nada. Sin poder distinguir entre el dolor de su cuerpo y el de su alma, se incorporó en la cama, aunque sentía un ligero mareo se paró con dificultad y pudo moverse hasta la puerta. Intentó abrirla pero estaba cerrada, miró a su alrededor y se dio cuenta que estaba en una habitación, más parecida a un calabozo que a una enfermería. Sobresaltada intentó pedir ayuda.
- ¡Hermana! ¡Hermana!
- …
- ¡Hermana! ¿Alguien me escucha?
- Hija mía, ¿por qué no descansás?
- ¿Hermana por qué está cerrada la puerta?
- Es por tu seguridad…
- Pero si ésta es la casa de Dios, no existe lugar más seguro en el mundo, ¿por qué este encierro?
- Hija, mañana hablamos…
- Hermana, ¿me da un vaso de agua?
-Hija, la cocina ya está cerrada.
Minerva supo que mañana iba a ser otro día y le serviría para conocer las costumbres de aquel convento un poco mejor. Tenía una sensación chocante del lugar, pero no quería seguir pensando.
- ¿Hermana? ¿Aún está ahí?
- Si hija mía, ¿en qué puedo ayudarte?
- Su nombre Hermana, no me dijo su nombre…
- Sor Esther, ahora dormí, el Señor velará tu sueño.
Minerva intentó rezar, pero su mente estaba ausente, embotada en ese calabozo.
El estado de demencia la arrollaba sin tomar conciencia ni de quién era…
Eleo siguió
Minerva creyó escuchar el llanto de un bebé, nerviosa sus manos sudaron y una película fina de sudor también le cubrió la cara. Se enjuagó el rostro con un paño y vio que lo que la rodeaba era un panorama desolador. La situación no resistía mayor análisis, debía escapar, pero primero tenía algunos asuntos pendientes. Enero volvió y el presente se fundió una vez más con su pasado. Otro llanto, esta vez distinto y mucho más agudo la sacó de su estado semiinconsciente. Estaba adolorida y se sentía vieja. Desconocía por completo su imagen en el espejo. La imagen era de una mujer extraña, dura, amarga. Una imagen con un rictus de dolor que la observaba desde el espejo. Sus ojos no tenían luz, su mirada opaca tenía el color gris de esos lugares que sólo reflejan miseria y desolación. A sus 15 años Minerva se sentía maldita, abandonada por un ser superior al que le había pedido clemencia y piedad desde aquel día en la playa. Pero este ser supremo, al que sus padres le habían enseñado a adorar y creer, se había obstinado en dejarla en manos de…y ahí el camino se abría en miles de interrogantes que no conducían a ningún lugar. Perseo era siempre la respuesta, pero ¿y si sólo era otra víctima? Más tarde que temprano Minerva habría podido mitigar la profundidad de las heridas, pero una renacía con fuerza, volvía en oleadas cada vez más peligrosas, no le daba paz y tenía relación con ese llanto, agudo, estridente, proveniente de un recién nacido.
Aplazó por un tiempo lo inevitable. En su inocencia no comprendía la magnitud de lo que crecía en su vientre. Pasadas 17 semanas desde aquel ultraje a su inocencia, sintió en su vientre un movimiento independiente de ella, un oleaje que la paralizó. No era tan joven como para no comprender los alcances de tener sexo sin protección, obligaciones y responsabilidades que ello comprendía y que mamá pregonaba a quien quisiera escuchar. Generalmente la destinaria exclusiva de la prédica era Minerva. Sopesó un abanico de posibilidades que estaban al alcance de la mano. Los primeros días luego de la confirmación de su embarazo no fueron fáciles, se revolvía en la posibilidad de dar a luz a un monstruo, tal como la había convencido el párroco desde su púlpito, cada domingo. Sexo era pecado, pero coito entre personas de una misma familia era la condena misma, la expulsión directa de la tierra del señor y el boleto al más terrible de los infiernos. Sólo pueden engendrarse seres deformes y con un rostro que refleja el más temible de los accesos carnales, el incesto. Minerva movía la cabeza con vacilación cada vez que lo escuchaba y trataba de desprenderse de sus palabras. ¿Qué podía hacer? La opción de no tener a su hijo se había esfumado, era un intento demasiado riesgoso, pondría en riesgo la vida de ambos. Cómo explicar al mundo que eran dos víctimas, ella y su bebé, que era inocente, mil y una veces víctima. Y su razón infantil le jugó la más amarga de las pasadas. Se prometió esconder su vientre, protegerlo de las maliciosas miradas para luego abandonarlo en un hogar donde recibiera amor, contención, cobijo y todo el cuidado que ella no podría darle. De sólo pensar en un futuro en el cual asumir las responsabilidades para con su hijo, hacerle saber su origen por ejemplo, la retorcía de horror y la proyectaba a un abismo negro profundo.
Su cabeza de niña tejió a la perfección enredadas tramas e infantiles destinos, en los que ella y su bebe salían ilesos e inermes de esta patética historia, luego de darlo volvería ser feliz y podría retomar sus estudios y formar la familia que siempre había anhelado. Pero quiso el destino, que apareciera Pedro, el hombre que terminó por arruinarla. Ni bien lo vislumbró en el marco de la puerta supo que estaba en problemas. Pedro desprendía un aura animal que no podía dejar de ser inhalada por quienes lo rodeaban, fueran hombres o mujeres. Sus ojos vivaces iluminaron la frágil figura de Minerva que sólo atinaba a mirarlo boquiabierta. Su risa contagiosa llenó el ambiente, seguro en su andar, se acercó como un felino a este niña debate mujer que poco pudo hacer para resistir ser arrollada por ese magnetismo. Poco para resistir la honda pasión. Y aunque voces de alarma estallaban en su cabeza, se convirtió en una polilla gris, atrapada por la luz brillante y aunque sabía y estaba escrito que se consumiría en las llamas de ese amor, no hizo ningún movimiento para detenerlo. Minerva se abrazó otra vez profundamente a la muerte, consciente del equipaje que llevaba en su mortal vientre.
Gabu continuó
¡No podía seguir pensándolo!
¿Qué se supone debía hacer?
¿Callar?
¿Huir?
¿Llamarlo?
¿Acusarlo?
La ira más fuerte y letal estaba apoderándose de su espíritu, clavó sus manos a zarpazos en la puerta, observando por la mirilla que alguien se acercaba, improvisó un estado letárgico, cuando un golpe seco derribó la puerta, contundente y con voz cálida, protectora Pedro le dice:
-Hola.
Minerva apuñala aquel saludo con los ojos inyectados en sangre y girando su cabeza en dirección a la voz solo atina la respuesta pasajera, intolerante.
-Si, gracias… Igual ya es tarde.
-¿Tarde? Puede ser, depende para qué.
-¿De dónde venís? ¿Adonde estabas?
-No preguntes más y vamos.
-¿Quién carajo te crees que sos imbécil? ¡RESPONDEME!
-Pedro y vine a buscarte.
Sin poder acomodar sus pensamientos algo le decía que Pedro quizás podía ayudarla.
-Tomá, te traje ropa limpia, una toalla.
-Gracias.
-No sé todavía que haces acá.
-Parece que seguís sin querer entender que siempre vas a estar a mi lado.
-¡HIJO DE PUTA!
-Dale No seas tan arisca, vení conmigo…
Pasmada recordaba las palabras de su madre cuando le hablaba acerca de la vulnerabilidad femenina. Supo en carne propia que un hombre no entiende el “NO” de una mujer y que cuando desea algo lo toma sin permisos.
Living Dead continuó
Pedro tenía unos 30 años cuando casi fortuitamente entró en la vida de Minerva. Era alto y de cabello muy rubio. Lo usaba atado en una “cola de caballo” que soltaba en los momentos indicados, sacudiendo la cabeza como un golpe de efecto. Sus rasgos eran duros pero estéticamente perfectos. Quijada firme. Dientes parejos y muy blancos. Sus ojos verdes guardaban una mirada tranquilizadora, confiable. Su cuerpo lucía fuerte, musculado, y vestía con buen gusto. Claramente era un hombre preocupado por su aspecto.
La tarde en que la silueta viril de Pedro se recortó en el marco de la puerta del bar de mala muerte donde la niña mujer ahogaba sus penas en un submarino con churros, su destino tomó unilateralmente la decisión de continuar su caída sin pausa hacia profundidades inexploradas.
Pedro se acercó a su mesa, buscó en su arsenal de sonrisas la más letal y la utilizó como una espada.
-¿Está bueno?
Minerva levantó la vista y vio al hombre que la había impresionado segundos antes, al hacer su entrada triunfal. Se sobresaltó, aunque no dio muestras de ello.
-¿Perdón?
-El chocolate. ¿Está bueno?
La chica sonrió y en ese momento él supo que había ganado. A partir de ese momento todo cobró una velocidad sideral. Los besos con resabio a tabaco negro. El sexo salvaje, violento, que le dejaba el cuerpo doliendo un par de días. Su vientre que crecía. Lento pero seguro.
No tardó Pedro en develar su auténtico rostro: era un proxeneta barato, que administraba varios departamentos privados en el centro de la ciudad. Inicialmente le propuso alojarse en uno, “…no para trabajar. Yo jamás te pediría eso. En cualquier lado vas a estar mejor que en tu casa…”
Y ella le creyó.
Pasaban los días y ella se iba amalgamando con el entorno. Finalmente la propuesta maduró y cayó por su peso específico. La madame fue la encargada de lanzar el primer dardo impregnado en la ponzoña dulce de la codicia:
-Che, Minerva, me falló una de las chicas… Te querés ganar unos mangos.
Y ella accedió. Sin remilgos y con extraña facilidad. Como si la propuesta hubiera sido lo más normal del mundo.
-Y bueno, dale…
De todos modos ella estaba maldita. Estaba maldita y ya no habría redención posible.
kill continuó
Un esquelético hombrecito apareció en la habitación donde Minerva aguardaba su primer cliente. El hombrecito prefería aguardar es una esquina de la habitación, un lugar con poca luz. Se lo veía intimidado. Minerva intentó dar el primer paso ya que lo veía retraído, casi aterrorizado por la situación. Como un gesto de humanidad le dijo.
-Hola
El hombre permaneció en silencio. Refregaba los dedos de sus manos una y otra vez comulsivamente.
-Te voy a pedir que me abones antes de seguir, son normas de la casa.
El hombrecito hurgó en sus bolsillos y sacó su billetera, extrajo un billete y se lo acercó al pie de la cama donde estaba sentada Minerva.
-¿Qué pasa no te gusto? ¿Te vas a quedar ahí parado todo el turno?
Minerva tomó el dinero y salió de la habitación un momento, como una experta, del otro lado estaba Madame Cristina, quien presurosa tomo el billete lo hizo un bollo y lo metió entre sus pechos, no sin antes dedicarle un guiño a la debutante y levantarle el pulgar de su mano.
Minerva entró nuevamente a la habitación y el hombrecito estaba sentado en la cama aún vestido.
-Veo que ya te vas poniendo cóm…
-Mi mujer me dejó.
Minerva se sorprendió y no supo qué decir. ¿Qué se dice en estos casos?
-Cuánto lo siento, pero tenés que entender que estas co…
-La seguí varias veces, se encontraba con un tipo, un tipo grandote de aspecto hosco. Iban a un hotel barato de la zona de Constitución y a veces a uno por la calle Paraguay.
Minerva lo observaba sin intervenir, intentaba no creerle, intentaba no ponerse en su lugar, vaciar su mente.
-Me dijo que el sexo conmigo no funcionó jamás como ella esperaba, que soy muy frío y que ella es muy caliente, sabés. Me sentí muy mal. Me quería matar. Igual le pedí que no me dejara, que yo no me iba a enojar si ella tenía otros amantes, que con tal de que estuviera conmigo yo la entendía y no iba a reprocharle nunca nada.
El hombrecito hablaba y cada segundo se hacía más pequeño, minerva intentaba enfriar su cabeza.
-Unos meses funcionó, aunque no te voy a mentir a vos. Nunca me resultó indiferente que mi mujer no quisiera coger conmigo. Al mismo tiempo pensaba que ese tipo la debería estar cogiendo como una bestia, pensaba que el tipo ese debería tener la pija como un brazo y que le arrancaría aullidos como a un animal herido. Eso me volvía loco y me excitaba a la vez. A tal punto que alguna vez me masturbé pensando en el cuadro. Ella patas para arriba y el tipo a pijazos limpios una y otra vez.
Minerva se sentó en la cama cerca del hombrecito.
-¿Cómo pudiste aguantar todo eso?
-No me quedaba otra, nunca tuve otra chance, pero la cosa fue demasiado lejos, ella se empezó a cansar de salir a verse con el tipo y lo empezó a traer a casa. La hija de mil puta cuando yo estaba trabajando cogía con el tipo en la cama en la que yo después tenía que dormir.
El hombrecito rompió en llanto y golpeó la mano contra su rodilla.
-Hace un rato, antes de venir para acá, llegué a mi casa, pensaba en hablar con ella en intentar persuadirla, pero cuando llegué, como si estuviera alucinando, escuché los gemidos de mi mujer. No lo podía creer, pensé, estoy tan obsesionado que la oigo, después qué vendrá? ¿la voy a ver como en espejismos cuando camine por la calle cogiendo con el tipo en letreros luminosos? Pero no, la hija de puta estaba cogiendo en mi casa. Y yo estaba adentro.
El hombrecito se secó las lágrimas toscamente, no podía contener el temblor en todo su cuerpo, Minerva estaba seria como nunca en su vida.
-No lo pude aguantar sabés.
-¿Y por eso viniste para acá, como una revancha?
-No, no, ma qué revancha, ninguna revancha no. Vine para acá porque no sabía adonde ir.
-No te entiendo, ¿cómo que no sabías adonde ir?
-Cuando la oí me puse loco, empecé a caminar ansioso, pensaba qué hacer, pensaba en irme y volver más tarde, en gritar y llamar a todos los vecinos para que vean lo hija de puta que era, pensaba en divorciarme, en llamar a mi abogado, pensaba en una cabaña en la playa, en nosotros dos tomando jugos en una hamaca paraguaya, en el atardecer.
Un sonrisa oscura y rara se dibujó en el rostro del hombrecito.
-No podía contener el llanto. Entonces, fui al mueble del living y agarré el veintidós que comparmos desde una vuelta que nos entraron chorros, subí a la habitación desde donde venían los aullidos de la puta esa y les vacié el revolver encima mientras cogían.
Las pupilas de Minerva se dilataron, de repente se dió cuenta que le había tomado la mano al hombrecito y lo soltó de golpe. Pero el hombrecito no la dejó y la miró.
-Cuando hubo silencio, contemplé un momento el desastre de sangre y carne y me fui.
Me fui, repetía mientras rompía en llanto, quebrado, me fui y los dejé ahí a esos dos hijos de puta.
Minerva se acercó y lo abrazó. Por primera vez entendía que la vida no estaba ensañada con ella, que todo lo que le había pasado la había traído a este momento, a abrazar a este hombrecito, entendió que el futuro está escrito y que uno solamente puede elegir el camino para legar a él.
Gabu continuó
Perseo había decidido darle fin a la monstruosidad que engendraba Minerva cuando un estruendo ensordecedor y paralizante lo detuvo justo en la puerta de entrada del prostíbulo.
Algo muy dentro suyo se atravesó. Apuró el paso hasta correr ciego tras el rastro del sonido seco, subió las escaleras sorteando peldaños cuando de golpe se topó con Pedro.
-Solo me queda una asignatura pendiente y acá estas.
-¿Qué hacés vos acá? Y Miner…
-Ella está bien, muy bien y vos vas a estar mejor que ella.
Pedro sacó el arma pronto a cargarla con la única bala que tenía en su bolsillo, la misma a la que, en un arrebato de locura, le había tallado la letra “P”. Se la mostró a Perseo que estaba paralizado y, a modo de ruleta rusa, la colocó en el tambor.
-Todo debe quedar en su lugar, ¿no te parece Perseo?
-…
-Si estás tan preocupado por Minerva voy a llevarte con ella.
Le apuntó su mirada al centro de los ojos y chocó el arma contra su pecho. El primer disparo no salió. El segundo tampoco.
Pedro dudó, Perseo se persignó y aprovechó ese instante mínimo. Tomó la mano de Pedro, bajándola y el disparo detonó desplomándo al ejecutor.
Nada estaba en su lugar, es que en este bendito mundo, nada está en su lugar jamás.
Living Dead continuó
Aquella noche extraña, con el contexto de una sucia habitación de burdel, varios cabos sueltos se partían resecos y caían en la nada conscientes de su inútil existencia. Pedro yacía en medio de una ciénaga escarlata, entre toses y convulsiones. Perseo miraba hipnotizado el cañón de la pistola humeante, mientras el hombrecillo de la historia trágica huía por la tangente llevándose su ridícula desnudez y los pantalones en las manos.
El resto de su ropa había quedado en un rincón, formando un copito desordenado con pecas de sangre seca. El hombre había sido protagonista y extra de dos películas “de tiros”, en ese orden, en un lapso de pocas horas. Demasiado para su alma pusilánime.
Minerva recorrió la habitación con una incrédula sonrisa tatuada en la cara . Si, sin explicación aparente Minerva sonreía, aunque esa mueca presagiaba una crisis nerviosa a punto de estallar. En su estado casi catatónico creyó ver un objeto al lado de la ropa de su primer y último cliente. Una Bersa 22. Automática. Tan pequeña como efectiva. “…Es un calibre jodido. La bala te camina por adentro y desgarra todo a su paso…” Había escuchado eso de boca de uno de los tantos marginales que frecuentaban el prostíbulo.
En un gesto felino que desmentía su ya indisimulable gravidez, se deslizó hasta aquel objeto letal que había tenido horas antes su bautismo de fuego. Un bautismo por partida doble.
Se incorporó y rebatió el martillo como si lo hubiese hecho mil veces antes. Acercó la boca del cañón a la nuca de Perseo, quien todavía no reaccionaba. No hubo preámbulos. Simplemente disparó.
-Adios, hermano…
Observó como Perseo se desplomaba pesadamente, como una manzana podrida.
Durante ese segundo interminable pasaron por su mente las mañanas en las que iban de la mano al colegio, con cara de sueño, las peleas por los juguetes, los cuentos que mamá les leía a ambos antes de dormir, el consuelo que la voz de Perseo le aportaba cuando la luz se apagaba. ¿Por qué había tenido que terminar de ese modo?
Esquivando los dos cuerpos muertos como si se trataran de charcos de orín, se paró por última vez bajo el marco de aquella puerta, observó los cuerpos de los dos hombres que habían hecho todo por arruinar su vida, sin otro motivo aparente que el motor irracional del egoísmo machista.
Luego, el tren, la ruta, el exilio, la pérdida…la locura?
En aquel hospicio que por ahora le aportaba más recelo que tranquilidad, más dudas que certezas, escuchaba la voz de Pedro detrás de una puerta ciega cerrada con llave.
-Pedro está muerto- Repetía para sí.
Pero la voz persistía.
-Vamos, Minerva, vine por vos.
Living Dead concluyó
Y allí en un rapto de lucidez lo comprendió todo. Se hallaba en el nudo mismo donde se juntan todos los caminos. Donde la muerte desdibuja sus contornos y los cuerpos evaden su destino irremediable de corrupción mórbida. Allí donde las almas juegan a confundir realidades y fantasías en historias de siglos que se definen en segundos. Allí donde el tiempo es relativo y se amasa como masilla en manos de la divinidad de turno.
¿Estaba vivo Pedro?
Tal vez, tal vez no. Era posible que la vida que Minerva le había arrebatado una noche con una hoja temblorosa y brillante le hubiese sido devuelta en algún punto borroso del todo-nada universal, para volver a expirar víctima de la sucia pólvora de Perseo. Y renacer. Y morir. Y renacer. Una vez más. Así sucedían las cosas en ese sitio.Minerva pensaba ahora con las reglas de juego de su nueva conciencia: ¿Qué vida estaba viviendo? ¿Aquella en que su hermano cruel la violaba a los 15 años? ¿O aquella en que una tarde de enero al salir ella del mar rieron juntos, ella y Perseo, y se fueron a buscar caracoles exóticos por la playa?
La hermana Esther se aproximó por detrás de Minerva, sigilosamente. La muchacha se volvió con lentitud y vio a la monja acompañada a sus flancos por Perseo y Pedro. Los tres lucían serenos y hubiera jurado que los rodeaba un aura púrpura que disolvía el entorno como si fuera témpera fresca.
La puerta ciega junto a la que Minerva se hallaba hacía un instante, o un siglo, se había abierto de par en par, dejando escapar una luz blanca. Muy blanca.
Esther dio el primer paso y cogió la mano de Minerva.
-Vamos –dijo- Ya es hora…
Y los cuatro cruzaron el umbral.
Marzo 10, 2007 at 6:21 pm
Como diría el Bambino, Es una cosha de loooocos
Marzo 11, 2007 at 2:16 am
Y todo la volvía atrás, se acordó de Pedro, hombre de aparente mirada ingenua, se sintió adorada, deseada y todas sus murallas cayeron con estrépito, retumbaron los cielos y se entrego al amor esquivo. En un principio resistió sus miradas, su acoso, ella tan joven y el tanto caminado. Cuando se entregó en sus brazos se sintió como la arcilla, moldeable. Y Así fue. Pero él fue un pésimo escultor de su vida y todavía hoy pugna por escapar. Sangre que mancha sus manos. Era todo lo que ella habia permitido que quedara de Pedro en su vida, con ese líquido consistente, pegasoso, viscoso. Minerva había terminado con su agonia.
eleo
Marzo 11, 2007 at 2:22 am
de pronto descubrió que todavía no había lugar para decepción, tesón, pasión , amor, ternura y agobio…
Kill amigo sacame decepcion que ya lo habia guardado en la valija…jjeee es que tanto para guardar que eso lo puse dos veces..mmmmmm porque sera???
Y así decidió partir sabiendo que dejaba de lado cuestiones importantes en su vida, pero que no necesitaban maleta…las llevaba cargadas en sus hombros..me sacas las llevabas cargadas en sus hombres es redundante…sos sos sos necesito un editor…si me pongo demasiado pesada producto de un buen vino pero que no me deja demasiada claridad mental..recortaaaaaaaaaaaaaaa…..
eleo
Marzo 11, 2007 at 2:26 am
esto lo pego hoy alguein que se llama luna en mi blog
La luna dijo…
y así llegó a la ciudad de ancestros precolombinos. una ciudad que aún guardaba mucho de sus antepasados y que al mismo tiempo los repudiaba. la gente mezclaba imprudentemente lo viejo y autóctono con lo foráneo y nuevo.
no supo orientarse allí y lloró durante horas en una esquina porque se perdió. hasta que vino esa mujer con aires de bruja y le indicó el camino.
caminó bien a partir de ahí. encontró un trabajo, viajó por todo el país conociendo comidas, joyas, artesanías y gente. y también el mar del pacífico y del atlántico. conocíó a un hombre y con él fundó una comunidad para alimentar niños y viejos. y aunque él la dejó siguió viaje más al sur, a donde desembarcó por el río, el primer día de octubre un hermoso día peronista.
http://lunadeenero.blogspot.com/
Marzo 11, 2007 at 2:58 pm
Elucubraciones vanas, estancadas en un presente con pasado; sabe que está vacío el espacio donde tendría que estar él esperándola…
Llega al hospedaje y un cartel anuncia que “NO HAY HABITACIONES DISPONIBLES”. Se siente invisible, con los ojos llenos de ilusiones y lágrimas busca en el horizonte, quiere salir corriendo, ordenar su vida, pero por más que camine y camine por las calles no se pude hallar…
El sol comienza a caer en este viaje de círculos que la encuentra parada en el mismo punto de partida, confundida en un mar de lágrimas.
Sola en este desierto plagado de entes que continúan su andar, como autómatas que ven solamente hacia el frente.
Camina en línea recta, confía en llegar pero no hay fin ni meta…
Detenida, enfrascada en su burbuja de complejidades, no puede seguir el ritmo, alejada de la corriente de vanidades, comprende que la vida no es ofrecer a cambio de nada, ilusiones y soluciones mágicas, relaciones duraderas como hechizos de un Hada.
Una vez más su castillo de sueños se convierte en uno de cartas, vencida comienza nuevamente a forjar lo perdido, comienza a desandar para iniciar un cambio repentino.
A lo lejos se vislumbra una salida, una luz se prende y apaga. Camina hacia ella armándose de nuevas fuerzas.
Nuevamente un paso delante del otro y a reintentar.
Marzo 11, 2007 at 4:16 pm
kill que seas mi permitido editor no quiere decir, que extraigas todo un parrafo, hasta nombre le puse minerva y el joputa en cuestion pedro como mi hijo que ayer me rompia las pelotas y aniquiliba con una metralleta de mama, mama, mama a repeticion toda mi vena inspiratoria…
bua bua bua
eleo
Marzo 11, 2007 at 6:48 pm
Solucionado…
Marzo 12, 2007 at 10:45 am
gracias pero que escuetismo ese solucionado…no habra un emoticon por aca jajaj que saque la lengua…
eleo
Marzo 12, 2007 at 12:20 pm
Una sensación dulce de optimismo, similar a las que producen las dósis excesivas de café o chocolate, se apoderó de su penoso presente. Sentada en una escalinata sucia de una calle sin nombre, apenas iluminada por un foco amarillento, que parecía observarla como el único ojo de un cíclope irónico, comenzó a deambular inerme por el delgado sendero que separa el sueño de la conciencia. Sus ojos entrecerrados sugerían siluetas engañosas remitiendo a recuerdos gratos: Su medalla de mejor alumna en sexto grado, que le había valido una reluciente bicicleta roja. El primer beso a los trece, fugaz e inexperto, pero que había acunado una brasita en su bajo vientre que al crecer se transformaría en un incendio de proporciones incalculables. Las meriendas de los domingos con sus padres y su hermano. Suiempre fueron inseparables, hasta aquel verano fatídico.
El recuerdo de aquel enero borró de su rostro la sonrisa involuntaria que se había tallado en él, regresándole la mueca de tristeza que llevaba como un estigma, como un tatuaje carcelario.
Su agotamiento extremo no le permitió en un primer momento sentir la humedad incipiente de su entrepierna. Un río carmesí tomó por asalto sus muslos, sus rodillas, generando un charco espeso en la tierra de la vereda sin embaldosar.
Un relámpago de lucidez iluminó sus pensamientos turbados por una modorra que se resistía a replegarse.
Intentó gritar, pero sus cuerdas vocales no le iban a permitir tanto. Con un hilo de voz, dijo:
-Me voy…
Marzo 12, 2007 at 1:14 pm
Y así llegó tambaleante a la casa de las luces que titilaban, la sangre seguía brotando de su entrepierna, sin fuerzas, su mano extenuada golpeó con debilidad la puerta y se sumó a la más profunda de las oscuridades.
Despertó días después, abrió los ojos, la cegaban unas luces albinas, la rodeaban mujeres con austeros hábitos, que recorrían metódicamente la sala aséptica de todo, de olor, de sonido de vida, sin notar su presencia. Minerva sólo alcanzó a escuchar murmullos y pasos rápidos, intentó reincorporarse pero su debilidad no se lo permitió, intentó mover sus manos, al menos ellas si tenían una cuota de fuerza y podían obedecerla. Recorrió su vientre con sus manos, al principio lo hizo con timidez, pero cuando lo sintió plano, vacío, abandonado, sus manos se agitaron histéricamente y cayó en la cuenta de lo sucedido.
De la sala del hospital brotó el aullido más irregular y espeluznante, un grito de desesperación, de angustia, un grito de muerte. Y con su boca, pastosa y seca, maldijo con fuerza, con violencia desesperada a Dios. Exhaló un suspiro deseando que fuese el último y cayo otra vez inconsciente. Entonces volvió a aquel Enero una vez más.
Marzo 12, 2007 at 1:17 pm
que deseara no que deseo..burra burra burra
exhalo un suspiro que deseo fuera el ultimo y cayo “en”( sacar) otra vez en la inconsciencia
odio odio las torpezas jajjaja
Marzo 12, 2007 at 1:24 pm
Creo que lo del famoso enero me toca a mí…
Bueno, ahí vamos.
Marzo 12, 2007 at 1:36 pm
si te devolvi el muerto jajaja
Marzo 12, 2007 at 1:57 pm
Habían encontrado el lugar casi de casualidad, fue a partir de una de aquellas recomendaciones vagas que se suelen pasar por alto:
“Es un pueblito costero casi perdido. Alquilan unas cabañas casi en la playa misma. La tranquilidad es absoluta”
Sus padres no tardaron en decidir que el sitio se ajustaba, para las vacaciones familiares, a su presupuesto y expectativas. Muy a pesar de las quejas que sus 15 noviembres profirieron casi a gritos:
-Papá, ese lugar está muerto. No tiene vida nocturna. Vamos a estar nosotros solos…
Su hermano dos años mayor no dijo nada. Su carácter retraído lo había convertido en un ser reacio al trato social. Su cara afectada por un acné persistente tampoco ayudaba demasiado, al igual que su corpulencia rayana en la obesidad. Era poco menos que un autista, aunque su inteligencia era filosa como una daga.
La relación con Perseo (siempre odió la obstinación de sus padres con la mitología antigua), había cambiado desde el comienzo de su desarrollo.
Varias veces lo había descubierto espiándola mientras se cambiaba, o con los ojos clavados a cal y canto en las tenues protuberancias de su pecho adolescente. Prefería no obstante creer que eran suposiciones infundadas, que se perseguía inútilmente: El era su hermano, con quien hasta ayer nomás jugaba a las escondidas o a la escoba de quince.
La tarde del 15 de enero marcó un antes y un después en aquel verano, en su relación con el mundo y en toda la escala de valores que manejaba hasta allí. Lo ocurrido una tórrida tarde a la orilla del mar derrumbó su vida como si la hubieran dinamitado desde su base misma.
Aquella tarde sus padres habían decidido ir al pueblo por provisiones. Minerva había preferido quedarse para no perder el día de playa.
Vio alejarse el auto desde la costa y luego se internó en el mar, que por esas latitudes presentaba una plácida calma carente de oleaje. Nadó por unos 40 minutos, pensando en nada y jugando a ser una sirena, con el sector de su cerebro que confirmaba su condición de niña a contramano de unas caderas de contornos agresivos. Calientes.
Comenzó a salir del agua a paso lento, sus músculos aún reblandecidos por el intenso ejercicio. Cuando el líquido salado aún besaba sus rodillas, se frenó en seco. Su hermano estaba parado frente a ella. Y la miraba. La miraba como la había mirado muchas veces, pero esta vez la lascivia era inequívoca. Peligrosa.
Minerva observó sus ojos y no le gustó lo que vio. Un brillo extraño, hostil, cubriendo con un velo opaco los auténticos ojos de Perseo, que de todas maneras también estaban allí.
Ensayó una sonrisa poco convincente e intentando suprimir el temblor de su voz, dijo en un susurro:
-¿Qué pasa?
Marzo 12, 2007 at 2:00 pm
Hice cualquier cosa con los pretéritos. Sepan disculpar las desprolijidades verbales. Quería terminar y se me acababa la hora del almuerzo…
Marzo 12, 2007 at 3:11 pm
Que hayas usado la hora de almuerzo en esto es un halago amigo mío.
Marzo 12, 2007 at 3:15 pm
Minerva intentó pasar a su lado con agilidad, como si no hubiera leído en sus ojos la asquerosa insinuación. Apuró el paso, pero una férrea mano que atenazó su muñeca la paralizó. Intentó resistirse, miró a los alrededores pero era inútil, aquella solitaria e idílica playa que su padre había elegido a conciencia se convertía en una condena. Cayó al piso indefensa de un brutal golpe que la dejó atontada. A pesar de estose resistió como una salvaje. Perseo se abalanzo asquerosamente sobre ella, su lengua invadía todos sus rincones. Minerva peleó pero resultaba inútil ante los embates de su hermano que no reconocían razón. Lloraba silenciosamente por esta cruel circunstancia que le tocaba vivir. Su cuerpo era levantado y luego golpeado al ritmo del candente y alocado deseo de su hermano. Cuando le arrancó el bikini y la penetró con vehemencia, sólo puso protegerse en la inconsciencia. Rompió sus sueños de niña, pisoteó su inocencia, mancilló el autorespeto. Avergonzada, dejó de luchar cuando se dio cuenta de que todo intento era inútil. Con el último jadeo agónico, Perseo se levanto y huyó con celeridad. Dejándola, desnuda, herida, húmeda de semen, confundida y con la certeza de que su inocencia había muerto con el cuerpo de su hermano como arma.
Marzo 12, 2007 at 3:17 pm
avergonzaba lease avergonzada
Marzo 12, 2007 at 3:30 pm
Te hice escribir todo lo que a mí me daba verguenza…
Estuve mal, no?
Marzo 12, 2007 at 3:33 pm
no era obvio y a mi me encanto
Marzo 12, 2007 at 3:37 pm
Que laburito eh!!!
Espero no tomen a mal la edición.
Marzo 12, 2007 at 4:10 pm
Edite, amigo, que lo hace bien.
Además, su intervención es mínima. Muy respetuosa.
Marzo 12, 2007 at 6:50 pm
Despertó bañada en sudor, su entrepierna latiendo sordamente, los ojos desmesuradamente abiertos intentando familiarizarse con un entorno por completo desconocido.
Sus recuerdos comenzaron a ordenarse gradualmente y el inventario de su nueva realidad podía reseñarse con síntesis pasmosa: estaba en un país extraño, sin un peso ni un sitio a dónde ir, había perdido a su bebé como la más desamparada de las indigentes y la muerte, una vez más, había exhibido una mueca burlona pasando a su lado con soberana indiferencia.
Así estaban las cosas.
El lugar donde se hallaba parecía ser un convento o alguna clase de refugio para mendigos. Bastaba recorrer la estancia con la mirada para llegar a esa conclusión. Una habitación tenuemente iluminada, un vago olor a orines y una decena de despojos humanos olvidados por el mundo que yacían en camastros sencillos (como el suyo) sin hacer más que respirar maquinalmente, esperando sin prisa el momento en que su organismo deje de hacerlo, y así descansar.
De pronto una voz a sus espaldas la sacó de su trance. Sonaba cálida, aunque firme.
-¿Cómo te sientes?
Minerva se volvió sobresaltada…
-Bien…mal…no sé…
-Tranquila -dijo la mujer- aquí estás a salvo.
La chica clavó sus ojos en los de la mujer. Tendría unos 60 años, contextura robusta y ojos de un azul muy profundo. Una vieja cicatriz nacía de su comisura derecha y se perdía bajo el cubre cabeza de un hábito marrón que la monja vestía con asombrosa prolijidad. Minerva no pudo evitar un sobresalto, que seguramente no pasó desapercibido para la mujer, sobre cuyo pecho un crucifijo de plata acompañaba sus movimientos con un bamboleo leve. La mirada de la mujer transmitía una rara serenidad.
Minerva no habló. Se limitó a asentir con la cabeza quizás esperando que la monja siguiera hablando. O tal vez que comenzara a cantar. Un arrullo estaría bien. Un arrullo como los que su madre le dedicaba cuando niña.
Nada de eso ocurrió. La religiosa le separó con delicadeza un mechón de cabello que colgaba sobre su frente y prolongó la caricia hacia su mejilla. Le dedicó una breve, preciosa sonrisa y se retiró diciéndole:
-Trata de descansar. Ya hablaremos más tarde.
Minerva siguió con la vista el andar sereno de la monja mientras se iba, hasta que desapareció por una puerta lateral. Entonces se arrellanó en el colchón y casi de inmediato se quedó dormida.
Esta vez no hubo pesadillas.
Marzo 12, 2007 at 8:40 pm
Se despertó en medio de la noche sintiendo la garganta seca, tanteó alrededor suyo creyendo haber visto un vaso de agua, pero no había nada. Sin poder distinguir entre el dolor de su cuerpo y el de su alma, se incorporó en la cama, aunque sentía un ligero mareo se paró con dificultad y pudo moverse hasta la puerta. Intentó abrirla pero estaba cerrada, miró a su alrededor y se dio cuenta que estaba en una habitación, más parecida a un calabozo que a una enfermería. Sobresaltada intentó pedir ayuda.
- ¡Hermana! ¡Hermana!
- …
- ¡Hermana! ¿Alguien me escucha?
- Hija mía, ¿por qué no descansás?
- ¿Hermana por qué está cerrada la puerta?
- Es por tu seguridad…
- Pero si ésta es la casa de Dios, no existe lugar más seguro en el mundo, ¿por qué este encierro?
- Hija, mañana hablamos…
- Hermana, ¿me da un vaso de agua?
-Hija, la cocina ya está cerrada.
Minerva supo que mañana iba a ser otro día y le serviría para conocer las costumbres de aquel convento un poco mejor. Tenía una sensación chocante del lugar, pero no quería seguir pensando.
- ¿Hermana? ¿Aún está ahí?
- Si hija mía, ¿en qué puedo ayudarte?
- Su nombre Hermana, no me dijo su nombre…
- Sor Esther, ahora dormí, el Señor velará tu sueño.
Minerva intentó rezar, pero su mente estaba ausente, embotada en ese calabozo.
El estado de demencia la arrollaba sin tomar conciencia ni de quién era…
Marzo 12, 2007 at 11:15 pm
y alli creyo escuchar el llanto de un bebe, se tambaleo nerviosa, sus manos sudaron y una fina pelicula de transpiracion cubrio su cara, enjugo su rostro con un paño que habia junto a la cama y que sabia a sal, a lagrimas. Se refresco el rostro y observo con detenimiento el panorama desolador que la rodeaba. La situacion era clara, debia escapar, pero primero tenia otras cadenas que resolver .
Y enero volvio otra vez, y el presente volvio a impregnarse con su pasado.
Otro llanto, esta vez distinto, mas agudo la desperto de su estado seminconsciente, se sentia dolorida y envejecida proyectando en el espejo de la habitacion una mujer que ella desconocia el reflejo. Una mujer dura, amarga, con un ricus de dolor la miraba desde el otro lado del espejo. Sus ojos no tenian luz, su mirada opacada tenia el color gris de esos lugares que solo reflejan miseria y desolacion. A sus 15 años, Minerva se sentia maldita, abandonada por un Ser superior al que le habia pedido clemencia y piedad desde aquel dia en la playa, pero este Ser Supremo al que sus padres le habian enseñado a adorar y creer , se habia obstinado en dejarla en manos de…y ahi el camino se abria en miles de interrogantes que no conducian a ninguna salida. Perseo era siempre la respuesta , pero que ,si su hermano era otra victima deformada de este implacable destino en el que ellos eran titeres devorados por la voragine de una mano superior mas perversa que ellos.
Mas tarde que temprano Minerva habia podido mitigar la profundidad de las heridas, pero habia una que recidivaba con fuerza, volvia en oleadas cada vez mas peligrosos, no le daba paz …y tenia relacion con ese llanto , agudo, estridente, proveniente de un recien nacido.
Aplazo por un tiempo, lo inevitable, en su inocencia no comprendia la magnitud de lo que crecia en su vientre. Pasados 17 semanas desde aquel ultraje a su inocencia, sintio moverse a su vientre con independencia de ella, un oleaje que la paralizo…no era tan joven como para no comprender los alcances de tener sexo sin proteccion , obligaciones y responsabilidades que ello comprendia y que mama pregonaba a quien quisiera escuchar , generalmente ella era la destinaria exclusiva de su predica. Sopeso con nerviosismo como un abanico las posibilidades que tenia al alcance de la mano, los primeros dias de confirmacion de su embarazo no fueron faciles, se revolvia en la posibilidad de dar a luz a un monstruo, como rezaba el parroco desde su pulpito cada domingo..sexo era pecado, pero coito entre personas de una misma familia era la condena misma, la expulsion directa de la tierra del señor y el ingreso al mas terribles de los infiernos. Solo puedem engrendarse seres deformes y que en su rostro se refleje el producto del mas temible de los accesos carnales, el incesto. Minerva movia la cabeza con vacilacion cada vez que lo escuchaba, y trataba de desprenderse de sus crueles palabras , que podia hacer, la opcion de no tener a su hijo se habia esfumado, era demasiado intento sin poner en riesgo la vida de los dos. Como explicar al mundo que eran dos victimas, ella y su bebe, que era inocente, mil y una vez victima. Y su razon infantil le jugo la mas amarga de las pasadas, se prometio esconder su vientre, protegerlo de las maliciosas miradas, para luego abandonarlo en una hogar donde recibiera amor, contencion, cobijo y cuidado que ella no podia darle. De solo pensar en un futuro donde ella debia sumir las responsabilidades de hacerle saber su origen la retorcia de horror y la proyectaba a un abismo negro profundo.
Su cabeza de niña, tejio enredadas tramas e infantiles destinos dibujados a la perfeccion, en la que ella y su bebe salian ilesos e inermes de esta patetica historia, ella luego de darlo, volveria ser feliz, y podria retomar sus estudios y formar la familia que siempre habia anhelado…
Pero quiso el destino , que apareciera Pedro, el hombre que termino por arruinarla.
Ni bien lo vislumbro en el marco de la puerta ; sabia que estaba en problemas. Pedro desprendia un aura animal que no podia dejar de ser inhalado por quienes lo rodeaban, fueran hombres o mujeres. Sus ojos vivaces iluminaron la fragil figura de Minerva, que solo atinaba mirarlo boquiabierta desde que entro, su risa contagiosa, lleno el ambiente , seguro el andar se acerco felinamente a este niña debate mujer, que poco pudo hacer para resistir ser arrollada por ese magnetismo, poco para resistir la honda pasion. Y aunque voces de alarmas estallaban en su cabeza , se convirtio en gris polilla atrapada por una brillante luz, y aunque sabia y estaba escrito que se consumiria en las llamas de ese amor, no hizo ningun movimiento para deternerlo y Minerva..otra vez se abrazo profundamente a la muerte, consciente del equipaje que llevaba en su mortal vientre…
eleo
Marzo 13, 2007 at 1:48 am
No podía seguir pensándolo!
Que se supone debía hacer?
Callar?
Huir?
Llamarlo?
Acusarlo?
La ira más fuerte y letal estaba apoderándose de su espíritu, clavó sus manos a zarpazos en la puerta, observando por la mirilla que alguien se acercaba, improvisó un estado letárgico, cuando un golpe seco derribo la puerta, contundente y con voz cálida, protectora Pedro le dice:
-Hola… Estas bien? Puedo ayudarte?
Minerva apuñala aquel saludo con los ojos inyectados en sangre y girando su cabeza en dirección a la voz solo atina la respuesta pasajera, intolerante.
-Si, gracias… Igual ya es tarde!
-Tarde? Puede ser, depende para qué…
-De dónde venís? Dónde estabas?
-No preguntes más y vamos!
-Quién carajo te crees que sos imbécil! ¡RESPONDEME!
-Pedro y vine a buscarte…
Sin poder acomodar sus pensamientos algo le decía que Pedro quizás podía ayudarla.
-Toma, te traje ropa limpia, una toalla…
-Gracias.
-No sé todavía que haces acá!
-Parece que seguís sin querer entender que siempre vas a estar a mi lado.
-¡HIJO DE PUTA!
-Dale! No seas tan arisca, vení conmigo…
Pasmada recordaba las palabras de su madre cuando le hablaba acerca de la vulnerabilidad femenina. Supo en carne propia que un hombre no entiende el “NO” de una mujer y que cuando desea algo lo toma sin permisos.
Marzo 13, 2007 at 11:01 am
Pedro tenía unos 30 años cuando casi fortuitamente entró en la vida de Minerva. Era alto y de cabello muy rubio. Lo usaba atado en una “cola de caballo” que soltaba en los momentos indicados, sacudiendo la cabeza como un golpe de efecto. Sus rasgos eran duros pero estéticamente perfectos. Quijada firme. Dientes parejos y muy blancos. Sus ojos verdes guardaban una mirada tranquilizadora, confiable. Su cuerpo lucía fuerte, musculado, y vestía con buen gusto. Claramente era un hombre preocupado por su aspecto.
La tarde en que la silueta viril de Pedro se recortó en el marco de la puerta del bar de mala muerte donde la niña mujer ahogaba sus penas en un submarino con churros, su destino tomó unilateralmente la decisión de continuar su caída sin pausa hacia profundidades inexploradas.
Pedro se acercó a su mesa, buscó en su arsenal de sonrisas la más letal y la utilizó como una espada.
-¿Está bueno?
Minerva levantó la vista y vio al hombre que la había impresionado segundos antes, al hacer su entrada triunfal. Se sobresaltó, aunque no dio muestras de ello.
-¿Perdón?
-El chocolate. ¿Está bueno?
La chica sonrió y en ese momento él supo que había ganado. A partir de ese momento todo cobró una velocidad sideral. Los besos con resabio a tabaco negro. El sexo salvaje, violento, que le dejaba el cuerpo doliendo un par de días. Su vientre que crecía. Lento pero seguro.
No tardó Pedro en develar su auténtico rostro: era un proxeneta barato, que administraba varios departamentos privados en el centro de la ciudad. Inicialmente le propuso alojarse en uno, “…no para trabajar. Yo jamás te pediría eso. En cualquier lado vas a estar mejor que en tu casa…”
Y ella le creyó.
Pasaban los días y ella se iba amalgamando con el entorno. Finalmente la propuesta maduró y cayó por su peso específico. La madama fue la encargada de lanzar el primer dardo impregnado en la ponzoña dulce de la codicia:
-Che, Minerva, me falló una de las chicas… Te querés ganar unos mangos.
Y ella accedió. Sin remilgos y con extraña facilidad. Como si la propuesta hubiera sido lo más normal del mundo.
-Y bueno, dale…
De todos modos ella estaba maldita. Estaba maldita y ya no habría redención posible.
Marzo 13, 2007 at 12:05 pm
hijo de p… otro muerto para candida…aparte me encanta LV, para vos todos los hombres son unos malditos . Los ves peor que yo…jajaja..no seras una mina vos no?
eleo
Marzo 13, 2007 at 12:19 pm
Solo interrumpo que esto esta realmente bueno.
Che y todos no son malditos jaja
Saludos!
Marzo 13, 2007 at 12:41 pm
Como que no Sol????? el hermano la violo, Pedro la entrego e inicio en la prostitucion …a no…si son todos unos amores….jajajaja
eleo
P.D kill no pensas escribir??? o con editar de nuestras huevadas ya tenes suficiente..aporte aporte…
Marzo 13, 2007 at 1:03 pm
Soberbio aporte de Kill…
Los hombres no son todos malos.
Yo soy peor.
Minerva no sabe lo que le espera…
Marzo 13, 2007 at 1:49 pm
me encanto gracias kill…cuando el viejo cuenta que la mina lo dejo, yo empece a pensar falta que a minerva yo le haga 6 hijos y la case con un deprimido existencial y listo cierren que estamos todos…ajajjaja…
eleo
realidad o ficcion…sigamos jugando..
los derechos de autor los compartimos o hacemos una rifa?jajajaja.Yo lo imprimi como un libro y esta quedando monstruo..tambien con semejantes padres autorales…pobre muñeca..a una indiscrecion no me vino y me quiero matar pero si es nena les juro que le pongo Minerva. No podemos poner un personaje Rocco que sea muy hincha bolas ..porque mi bebe no me deja concentrar…en honor a el..
Marzo 13, 2007 at 1:56 pm
Ponete un diu, por el amor de santa cachucha!
Marzo 13, 2007 at 2:09 pm
¿Qué tenés contra los deprimidos existenciales?
No digas esas cosas, que me deprimo más…
Marzo 13, 2007 at 2:14 pm
Yo creo que éste espacio recientemente inaugurado ya esta patentado por KILL,o sea que esto se llama EXPLOTACION!juazzzzz
DERECHOS DE AUTOR?
ELEO,largá los CORN FLAKES que provocan disfunción cerebral,a eso sumale tu BIPOLARIDAD y estas en el horno hermana!jajajajajja
MILES DE BESOTESSSSSSSSSSSSSSSSSS
Marzo 13, 2007 at 2:35 pm
Gabu, auchhh!
Marzo 13, 2007 at 6:16 pm
Perseo estaba determinado a darle fin a la monstruosidad que engendraba Minerva, cuando un estruendo ensordecedor y paralizante lo detuvo justo en la entrada.
Algo en su interior se atravesó, apuró el paso hasta correr ciego tras el rastro del sonido seco, subió las escaleras sorteando peldaños cuando un golpe brusco lo detuvo…
-Solo me queda una asignatura pendiente, y acá estas.
-Que haces vos acá? Y Miner…
-Ella ahora ya esta bien, muy bien.
-Y vos vas a estar mejor que ella.
Pedro saco el arma y la cargó con la única bala pendiente en su bolsillo, la misma que en un arrebato de locura había tallado la letra “P”. Se la mostró al paralizado Perseo y a modo de ruleta rusa la colocó en el tambor.
-Todo debe quedar en su lugar, no te parece Perseo?
-…
-Adorabas tanto a Minerva, que voy a llevarte hacia ella.
Se puso frente a él, apuntó su mirada al centro de sus ojos y choco el arma contra su pecho.
El primer disparo no salió.
El segundo tampoco.
Pedro dudo, Perseo se persignó, aprovechó ese milésimo instante, agarró la mano de Pedro bajándola y el disparo detonó desplomando a Pedro.
Nada estaba en su lugar, nada esta en su justo sitio en este mundo.
Marzo 13, 2007 at 10:51 pm
TIC…TAC…
TIC…TAC…
KILL,nos abandonó!
O al menos abandonó la edición mía…
snif snif snif snif snif snif snif
P.D.:Perdón pero a ese PUTO de Perseo alguien lo tenía que matar!Lo tenía atravesado desde que apareció!
BESHOSSSSSSSSSSSSSS
Marzo 14, 2007 at 8:46 am
Gabu, kill, Eleo:
Quiero seguir, pero me perdí.
-Minerva está en el convento y escucha (o imagina escuchar) a Pedro.
-Perseo va a buscar a Minerva. A dónde? Al prostíbulo? Al convento? Es un recuerdo?
-Cuando llega Perseo escucha un estruendo: Qué pasó? Pedro mató a Minerva?
Yo iba a encarar el relato por el lado de la demencia, pero necesito un parrafito que me aclare un poco el panorama…
Saludos.
P.d.:Si no, invento algo tipo “alucinación” o algo así.
Marzo 14, 2007 at 9:58 am
LIVING…Yo también ando un poco perdida pero voy a intentar ayudarlo,si?
MINERVA estaba en el “prostíbulo”,parece que en un giro de la historieta el idiota de PEDRO se convierte en una especie de “cafisho”,mientras MINERVA estaba por atender a un cliente,con el cual se engancha porque el tipo estaba tan turbado en su vida como ella. PEDRO escucha que estaban digamos “entendiéndose” y fornicando,OCVIO!. Entonces decide matarlos(a ella y al cliente),en ese momento aparece PERSEO(venía como cualquier hijo de vecino,caminando por la calle),iba a buscar a MINERVA(no sabemos para qué concretamente),cuando escucha el estruendo.
Corre hacia el lugar de donde provino el disparo y al subir las escaleras se topa con PEDRO que con la única bala que le quedaba decide matarlo a PERSEO,pero una iluminación del destino,el “poronga” de PEDRO se distrae,PERSEO toma el arma,la gira levemente y el tiro impacta en PEDRO…
¿¡ENTIENDE?!
LIVING,digame que entendió,plissssss…
BESOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO
Marzo 14, 2007 at 10:08 am
Yo no entiendo nada
Marzo 14, 2007 at 10:38 am
Si,si,si.
Ya sigo…
No desespere, Kill. Voy a tratar de ordenar todo un poquito.
Marzo 14, 2007 at 11:11 am
Aquella noche extraña, con el contexto de una sucia habitación de burdel, varios cabos sueltos se partían resecos y caían en la nada conscientes de su existencia vana. Pedro yacía en medio de una ciénaga escarlata, entre toses y convulsiones. Perseo miraba hipnotizado el cañón de la pistola humeante, mientras el hombrecillo de la historia trágica huía por la tangente llevándose su ridícula desnudez, los pantalones en sus manos.
El resto de su ropa había quedado en un rincón, formando un copito desordenado con pecas de sangre seca. El hombre había sido protagonista y extra de dos películas “de tiros”, en ese orden, en u lapso de pocas horas. Demasiado para su alma pusilánime.
Minerva recorrió la habitación con incredulidad divertida. Inexplicablemente sonreía, aunque esa mueca seguramente presagiaba una crisis nerviosa a punto de estallar. En su estado casi catatónico creyó ver un objeto a la vera de la ropa de su primer y último cliente. Una Bersa 22. Automática. Tan pequeña como efectiva. “…Es un calibre jodido. La bala te camina por adentro desgarrando todo a su paso…” Había escuchado eso de boca de uno de los tantos marginales que frecuentaban el prostíbulo.
En un gesto felino que desmentía su ya indisimulable gravidez, se deslizó hasta aquel objeto letal que había tenido horas antes su bautismo de fuego. Un bautismo por partida doble.
Se incorporó y rebatió el martillo como si lo hubiese hecho mil veces antes. Acercó la boca del cañón a la nuca de Perseo, quien todavía no reaccionaba al no poder asumir, asimilar, el rótulo de “homicida” y agregarlo al de “violador de su hermana”.
No hubo preámbulos. Simplemente disparó.
-Adios, hermano…
Observó como Perseo se desplomaba pesadamente, como una manzana podrida.
Durante ese segundo interminable pasaron por su mente las mañanas en que iban de la mano al colegio, con cara de sueño, las peleas por los juguetes, los cuentos que mamá les leía a ambos antes de dormir, el consuelo que la voz de Perseo le aportaba cuando la luz se apagaba. ¿Por qué había tenido que terminar de ese modo?
Esquivando los dos cuerpos muertos como si de charcos de orín se tratara, se paró por última vez en el marco de aquella puerta, observando los cuerpos de los dos hombres que habían hecho todo por arruinar su vida, simplemente movidos por el motor irracional del egoísmo machista.
Luego, el tren, la ruta, el exilio, la pérdida…la locura?
En aquel hospicio que por ahora le aportaba más recelo que tranquilidad, más dudas que certezas, escuchaba la voz de Pedro detrás de una puerta ciega cerrada con llave.
-Pedro está muerto- Repetía para sí.
Pero la voz persistía.
-Vamos, Minerva, vine por vos.
Marzo 14, 2007 at 12:35 pm
uy los corn flakes me estan haciendo alucinar que paso..es mas pense que en vez de corn me habia comidos unos merengues…hilo conductor…hilo conductor…a ver que hizo mi depre preferido para encarrilar esta demencia senil procaz y prematura…
eleo
Marzo 14, 2007 at 12:46 pm
A perrrrrrr, me gustó eh, homicidio en tres actos.
Marzo 14, 2007 at 1:04 pm
esto puse al principio
Sangre que mancha sus manos. Era todo lo que ella habia permitido que quedara de Pedro en su vida, con ese líquido consistente, pegasoso, viscoso. Minerva había terminado con su agonia.
che pero lean y acuerdense, que pedro tiene que morir en manos de minerva , porque mejor
sobrevive al ataque de perseo , ella se va pensando que se murio, el reaparece en el convento para que ella finalmenete liquide a ese hijo de puta proxeneta, venganza, venganza…
eleo
y sorry pero no puedo escribirlo yo porque me voy a trabajar…algun dia me toca…le dejo el muerto algun alma caritativa.
Marzo 14, 2007 at 2:57 pm
PERDONNNNNNNNNNNNNNNNN
YO ESTOY ALUCINANDO O ALGUIEN RESUCITO A MINERVA Y NO ME AVISARON?!
Marzo 14, 2007 at 2:59 pm
Digo,no?
A nadie se le ocurrió que la monja podría ser la madre que abandonó a MINERVA y vengarla finiquitando a PETER?!
IDEAS…
SOLO IDEAS…
P.D.:Creo que me estoy convirtiendo lentamente en una asesina en potencia!jajajajaja
BESOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO
Marzo 14, 2007 at 3:48 pm
Nos metimos en un berenjenal.
Por esta vez, si no hay objeciones, me hago cargo del final (aviso: es un poco cursi)
Y allí en un rapto de lucidez lo comprendió todo. Se hallaba en el nudo mismo donde se juntan todos los caminos. Donde la muerte desdibuja sus contornos y los cuerpos evaden su destino irremediable de corrupción mórbida. Allí donde las almas juegan a confundir realidades y fantasías en historias de siglos que se definen en segundos. Allí donde el tiempo es relativo y se amasa como masilla en manos de la divinidad de turno.
¿Estaba vivo Pedro?
Tal vez, tal vez no. Era posible que la vida que Minerva le había arrebatado una noche con una hoja temblorosa y brillante le hubiese sido devuelta en algún punto borroso del todo-nada universal, para volver a expirar víctima de la sucia pólvora de Perseo. Y renacer. Y morir. Y renacer. Una vez más. Así sucedían las cosas en ese sitio.
Minerva pensaba ahora con las reglas de juego de su nueva conciencia: ¿Qué vida estaba viviendo? ¿Aquella en que su hermano cruel la violaba a los 15 años? ¿O aquella en que una tarde de enero al salir ella del mar rieron juntos, ella y Perseo, y se fueron a buscar caracoles exóticos por la playa?
La hermana Esther se aproximó por detrás de Minerva, sigilosamente. La muchacha se volvió con lentitud y vio a la monja acompañada a sus flancos por Perseo y Pedro. Los tres lucían serenos y hubiera jurado que los rodeaba un aura púrpura que disolvía el entorno como si fuera témpera fresca.
La puerta ciega junto a la que Minerva se hallaba hacía un instante, o un siglo, se había abierto de par en par, dejando escapar una luz blanca. Muy blanca.
Esther dio el primer paso y cogió la mano de Minerva.
-Vamos –dijo- Ya es hora…
Y los cuatro cruzaron el umbral.
Marzo 14, 2007 at 4:04 pm
LIVINGGGGGGGGGGG…
¡YO TAMBIEN QUIERO!
QUIERO DE ESO QUE ESTA FUMANDO,YA!
DELE,COMPARTA!juazzzzzzzzzz
COMO LO QUIEROOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO
DIVINOOOOOOO!
MUACKKKKKKKKKKKKKKKKKKKK
Marzo 15, 2007 at 12:08 am
ok me me mataron a mi cria, porque un dia me ausente simplemente porque no me vino..y por que mi septimo hijo podria venir en camino..okkkkk aca va otra…
esta es pura realidad pero como se debe proteger a los personajes reales para no comerse un abogado aca va..su ficcion…
Niñata de 20 años, ni linda ni nada, criada entre algodones estrella, ni de la mejor calidad ni la peor, insatisfaccion de pueblo, orgasmos ciberneticos ella busca..nada la complace desde el sur, y ella a sus jovenes 20 años cree que podra destellar en la gran ciudad, años ha de recorrer, humildad, ha ella de aprender..no se entra toreando…se permanece a la luz de del farol de la noche en silencio y aprendiendo, a sus jovenes años, cree que el mundo podra comerse porque su enseñanza pueblerina no le enseño mas que eso, a mostrar los dientes, creyendo ganar combates, pero inutilmente desgastara sus dientes, le falta razon , cordura, le falta un buen afilador..que le enseñe que los dientes no cobran filo mostrandolos, sino …de las experiencias…y las lobas se rien…y miran ese corderito..y les da pena comerla de un bocado..es facil..pero a quien le gusta lo facil…no es mucho mas placentero la agonia de demostrar cuan debil sos…y ese pequeño cordero blanco…se quiso disfrazar de mujer fatal entre lobas…despiadadas
eleo
Marzo 15, 2007 at 8:41 am
Noooo…
No podés.
La aprecio mucho a esa niña.
Si persistís, te aviso que la voy a hacer lo más feliz que pueda.
Sos brava, eh!
Marzo 15, 2007 at 11:20 am
no se quien estas hablando…mi personaje es ficticio…y se llama mina…y si no me extrañaria que persistas en tus finales felices, lo hiciste con carlitos, con minerva, y ahora dale te desafio, intenta hacerla feliz.
y no soy brava soy bravisima…pero ves algo tenemos en comun…aclaraste que no habia tipos malos hasta que te conocen, yo lo mismo no hay mujeres bravas hasta que me conocen…soy loba a lo alfonsina storni.
eleo
Marzo 15, 2007 at 11:25 am
Auch que picante que estça todo el mundo, yo mejor me callo.
Marzo 15, 2007 at 1:15 pm
ELEO:Probaste con un RIVOTRIL?
Si querés te convido…jajajajaj
Creo que yo pasooooooooooooo!
BESIIII