James Brogan: It all came so close to never happening. This life came so close to never happening.
25th Hour – Spike Lee – 2002.

El niño tomó todas sus cosas, escribió una nota, fue cuidadoso con las palabras que usó. También escribió en un sobre la palabra “familia” con la letra efe más grande que el resto, puso la nota dentro del sobre, lamió el borde con pegamento y lo cerró. Besó el sobre cerrado, presionó sus labios contra él y lo dejó sobre uno de los muebles del comedor, justo debajo de una lámpara antigua.

Tomó su magro equipaje y se acercó a la puerta, dió una última mirada al mundo que había conocido y se despidió en silencio de cada una de las cosas que lo conformaban. El comedor sólo está iluminado por la luz de la luna llena. El tiempo se detiene un segundo durante la despedida. Es un infinito de falta de entendimiento. Una zanja abierta en terreno pantanoso, imposible de volver a nivelarse. El eterno segundo deja su imagen marcada a fuego en la contemplación de ese instante. El instante del niño tembloroso, con el equipaje entre sus manos, abriendo la puerta del comedor iluminado por la luz de la luna y cerrándolo luego de salir.

Las tentaciones de este otoño por momentos engañan la vista y ya no se distingue al niño que, luego de caminar unos metros desaparece completamente, su figura, su equipaje y hasta su propia sombra. Detrás de él, la casa se esfuma entra la niebla y la lámpara y la carta y la luz de la luna se apagan como un cierre de iris de unos 48 frames.

Eleo continuó:

Sentir que crece ese sentimiento de independencia, la vulnerabilidad paso a paso desaparece y una fuerza hipnotica lo atrae hacia un futuro de mejores promesas, su mano late junto a su valija,siente que se engrandece se siente dueño de un futuro, una, dos, tres cuadras lo separan de aquello que supo conocer y lo envalentonan hacia un futuro distante y un pasado latente…su figura crece, no hay necesidades afectivas, levita entre la realidad y la inutil ficcion..y cuando ya su alma levanta vuelo y anda por saturno, siente una mano apoyada en su hombro. y suspira relajado. Es papá…que le dice al oído
-Todavia hay tiempo…

Living Dead continuó

El niño se vuelve y fugazmente cruza los ojos con los de su padre, para desviar de inmediato su mirada por el peso, por el mandato de la historia.
-Extraño a mamá
Dice y trata de engrosar su voz. El resultado es cómico. Tierno. El niño aprieta las lágrimas sabiendo que finalmente perderá esa pulseada.El padre se acuclilla y aprieta al niño contra su pecho, las manos ásperas y callosas sobre el espinazo frágil…
-Ya lo sé.
Y el dolor se le escapa a borbotones.
-Ya lo sé…

La noche que envuelve todo no quiso hacer la excepción con ellos. Aquellas tardes de meriendas, cuentos y canciones infantiles habían desaparecido para siempre, eran un trozo de madera flotando a la deriva, una mano entre la multitud, el fondo de una bolsa. EL niño dice:
-La necesito, nunca pude darme cuenta de que ya no estaba.
-Lo sé, ya lo sé, pero la vida está hecha de sensaciones encontradas, de entradas a espectáculos a los que no queremos ir.
-A la mierda la vida entonces. ¿Por qué vivir obsesionado con el dolor? ¿Por qué vivir marcado por el miedo de caer de mi cama al vacío mañana por la mañana?
-No podemos cuestionar a la vida hijo mío, porque la vida es sueño, es aire, intangible, invisible, se nos escurre de entre las manos todos los días, todas las noches cuando nos esforzamos por dormir pero la presencia de esa sensación de dolor nos invade y nos deja aislados en un lado de la cama, al otro lado, la soledad reina.
-A la mierda la vida, a la mierda la vida que tengo, de la misma forma que la vida que tuve.
-Tenés que calmarte, no estás escuchando.
-No quiero escuchar, ¿es que no te podés dar cuenta?
-Tendrías que…
-¡No quiero! Estoy enfermo de escuchar a las personas hablar de lo que pudo ser pero no fue, harto de cada uno piense en que es generoso, proveedor y amante y después verlos cenar en la misma mesa del egoísmo. ¡Harto!
-Pero..
-Y no hay nada que vos ni nadie pueda decirme hoy que me haga pensar diferente, hoy mi cabeza está en la ruta, en huir. Y bien sé que huir no es solución, pero creeme, la única certeza que tengo es la de correr, correr sin parar, lo más lejos que pueda y sin mirar un segundo atrás.
Las miradas se cruzan, el dolor y la angustia son como un vapor que une todas las cosas, todas las luces del día y la eternidad de la noche y la que da cada rayo de sol.

Living Dead continuó

Cuando toda la pirotecnia verbal se agotó dejando un zumbido persistente en los oídos y los corazones, sobrevino un silencio blando, anestesiado. Como un alero angosto que cobija de la lluvia, pero sólo en parte. Ninguno quería ser el primero que cortara esa atmósfera que se había generado, espesa como gelatina a medio cuajar.
Sacando fuerzas de su orgullo último, el padre de espíritu cansado y vapuleado por la vida tomó la posta que tantas veces antes debió tomar. Habló primero. Sintió que debía hacerlo. Se lo debía al niño, y a sí mismo.

- Llevé el pan a nuestra mesa cada día…
- Es verdad, papá.
- Velé tu sueño y tu vigilia. Reí contigo. Vi por tus ojos. Quise protegerte siempre, pongo al Señor como testigo.
- Nunca lo dudé…
- Cuando tu madre se fue se llevó todo…nos dejó vacíos como un cuenco roto. Yo luché por ti aún sin fuerzas. Hoy quiero pedirte algo.
- …
- Quiero que luches conmigo. Que nos pongamos espalda con espalda y le mostremos los dientes a quien ose enfrentarnos.

El niño oprimía la empuñadura de su valija con fuerza. Sus nudillos estaban blancos por la presión ejercida. Sus mejillas una catarata de lágrimas silenciosas. No iba a permitirse un gemido. Ni un sollozo. No en ese momento. El padre prosiguió.

-Porque yo te amo, hijo. Y te necesito más que nunca. No te vayas. No ahora que el hombre en el que te has convertido puede mostrarme caminos que permanecían ocultos a mis ojos.

Un cielo plomizo presagiaba un aguacero. Demasiados temporales para un solo día, pero Dios es intratable cuando explota su vena sarcástica.

-Va a llover, papá. Volvamos a casa.

Era seguramente la frase que hubiera querido expeler de su lengua, pero ya se había quedado vacío de ese tipo de palabras. Su vida estaba patas para arriba y su incapacidad de sentir cualquier tipo de conmiseración tenía la fuerza de la necesidad de olvido, la misma que lleva a los buenos hombres a embarcarse y salir al mar de Bering en búsqueda del trabajo más peligroso del mundo, con la única excusa de una buena paga y un buen clima de trabajo. No, esta no era ocasión para un milagro y, ni siquiera el canto de las aves nocturnas podría silenciar el grito ahogado de la desesperación en sus rostros.

Eleo continuó

El repetido timbrar de ese teléfono lo enloquecía, presentía hace días lo peor, no tenía explicación posible. Tal vez algún vuelo de pájaro que llamó su atención, algún reflejo en una vidriera le hacían presagiar lo temible, hacía dias que sentía pasos demandandantes demasiado cerca suyo, manos que intentaban alcanzarlo…y el apuraba el paso en un intento más de ahuyentar un pasado que lo acosaba y había decidido hace tiempo enterrar. Se lo debía a su padre… el telefono seguia acosando su alma… era permisible seguir diluyendo momentos que cada vez cobraban un aspecto más verosímil…se acercó al teléfono…y escuchó esa voz…ese cantar que lo había acunado, recordaba sus brazos que lo mecían como si el tiempo jamás hubiera pasado…suspiró inagotablemente…y luego de un extenso y confuso jadeo escuchó, palpitó, latió en lo más hondo de su alma, lo que él consideraba absolutamente muerto…hijo soy yo de nuevo, MAMÁ…
Y consideró morirse…

El alma permanecía inmóvil entre sus manos. El desasosiego era su carcelero, su feroz sometedor. Miró a través de la ventana y pensó en por qué se había dejado convencer. Pero ¿se había dejado convencer, o sólo se trataba de otra torpe alucinación provocada por las pastillas y la mala dieta? Hacía un año exactamente habían hecho un viaje al norte. Un viaje iniciático que les mostraría con malos modales, que la vida no era lo que habían anhelado hasta exactamente un segundo antes del punto de inflexión. Con el retrogusto de ese viaje en la boca, pensó en la impermanencia, pero no encontró ninguna nota clara al respecto. Res non verba gustaba de repetir, res non verba una y otra vez, res non verba como una plegaria, como el grito de un niño desde el fondo de un aljibe vacío. “Sáquenme de este condenado lugar”.

Gabu continuó

Se armó de coraje, dejando de sollozar esas intensidades que ya nada valen. Aquél viaje había tocado su recuerdo y algunas fibras íntimas lo llamaban desde un sonido hueco, evocaba un guiño de su melancolía y pasaba a ser parte de su complicidad. Nunca encontraba las respuestas a sus preguntas. Como el viento, vacío de palabras y repleto de recuerdos, sabía que no había comunicación, porque todo lo que suena lejano también suena a mentira. Había una distancia instalada, tal vez sea indiferencia; no hay retorno a ese lugar en su vida que lo inventó. No hay. Igual deseaba irse. Aunque extrañe, sin preguntas y sin dudas.

Eleo continuó

Y volvió a escaparse, se ausentó de la vida, pensó en la posiblidad de otro viaje lejano donde nada lo acosara…miró la valija y reflexionó que en ese lugar donde había elegido morar, no había lugar para equipaje. Se sentó, escribi> una carta y pidió perdon, hacía tiempo que pesadillas relacionadas con la vuelta de su madre lo perseguían, y optó por la unica salida viable.

Tal vez la vida no sea esto. Quien sabe en algún otro lugar, en algún otro momento, en alguna otra chance su alma carenciada recupere la sonrisa. Recuerda los pajaros en invierno, se repetía mientras se observaba en el espejo. Recuerda los pajaros en invierno, ellos saben buscar su bienestar. Es triste lo que le ocurre a los humanos, aún cuando su entorno los esté matando, su instinto de supervivencia parece paralizado. Congelado en alguna otra era y escondido tan profundo en el hielo que se hace imposible imaginar siquiera un posible rescate. Los humanos nos sentamos a morir por lo que amamos, nosotros mismos. Y la contradicción es de tal magnitud que, evidentemente no es la vida nuestro bien más preciado, sino que se remonta más allá y, contrariamente a la sabiduría de la naturaleza, el ser humano, el más alto predador en la cadena alimenticia, se sienta a morir víctima de su enemigo más grande, él mismo.

Gabu continuó

Harto de cantarse sus verdades y revolver en su mierda. La mierda suya, esa que por dentro hiede. Apesta. Lastima. Que como un ácido lo corroe…
Supo que nunca fue muy bueno con las cosas que quiere, de engaño en engaño, sin saber por qué o para qué o a dónde, avanzando, retrocediendo, siempre tapando baches, remendando sus miserias, buscando sacarse todas las máscaras y siempre encontrando una a su disposición para ponérsela y actuar…
Detenerse es imposible. ¿Hasta cuándo esta quieta la ansiedad que lo hace temblar? Saturado de vivir pretendiendo iluminaciones, decidido, deseaba dejar de refugiarse en ser víctima de circunstancias y comenzar así a crear el mundo que ansía lo rodée. Ahora sabía que lo que libera, también condena.

Living Dead continuó

El dolor del niño libraba cheques que su cerebro casi virgen no podía cubrir. La intensa presión estaba haciendo estrago en su psiquis, como un camión en una cristalería. Las fronteras entre la cruenta realidad que lo devoraba a dentelladas y la utopía de un mundo en el cual los niños eran niños y no una simple ración de carroña humeante a merced de las hienas, se confundieron hasta desaparecer por completo.
Los colores comenzaron a desdibujarse mientras sus ojos se entrecerraban y sus extremidades se adormecían como si no tuvieran huesos. Creyó que iba a desmayarse, pero el ímpetu de una furia desconocida lo mantuvo allí. Incólume. Percibió como sus sentidos se agudizaban y sus pensamientos bajaban su intensidad hasta diluirse. Sus intenciones, su voluntad, se fundieron en el magma ardiente de un instinto inconsciente, en una involución demente al estado de naturaleza más primitivo y elemental.
Fue allí cuando recordó el botiquín.

Gabu continuó

Las encontró justo donde siempre, prolijamente acomodadas; el filo se reflejaba en sus ojos mustios, su mirada autista contenía el vacío de su alma y su mente como un eco repetía: ¿Se acordarán de mí? (nunca lo sabrá, porque hay palabras que van por dentro).
Todo huele a muerte lenta, un millón preguntas se enhebraban en su cabeza.
¿Quería hacerlo, terminar con todo, detenerse en el tiempo?
Se oyen pasos, en el pasillo, presentía que se aproximaba el desfile de horrorosos sermones, ¿su padre lo condenaría una vez más?. ¿Y si estuviera su madre? ¿Lo abrazaría?
–¡No importa!
Afianzaba su deseo, veía su propia muerte desfilando ante él.
¿Suplicaría en el final?
Escuchaba el tic tac del reloj, sabía que fue siempre cobarde…
Apoya el filo del final, alguien tocaba la puerta, sabía que más allá de ella estaba solo con sus consecuencias…
Ahora miraba el reloj…

En ese mismo instante alguien pateó la puerta de su cuarto y un conglomerado de personas y recuerdo y cosas. Toda la magia del mundo del medio se abarrotó intentando entrar a la habitación. El niño transformado en anciano ahora, dejó caer una última lágrima, para luego desaparecer dejando sólo una mancha de humedad detrás suyo.