Kill comenzó (basado en un perfil propuesto por Eleonora)

“Es lunes” se dijo a sí misma. Miró el despertador. Eran las 7:30 am. La humedad del ambiente y el frío del invierno porteño enfriaban su nariz. Miró el otro extremo de la cama, la almohada intacta, el vacío inmóvil, la prueba más cabal de que todas sus pesadillas eran realidad.
Rita desnuda su cuerpo frente al espejo impiadoso. Su cuerpo no es más el de antes. Su carne luce vieja, sus tetas caídas y sus brazos flácidos. Tal vez por tanto adelgazar y subir, adelgazar y subir como en una calesita macabra. Su cara es una postal de la desolación. Abre la ducha y empieza a bañarse, un buen baño antes de despertar a la tropa, un buen baño que limpie las penas. Rita llora mientras se baña, cada tanto siente esa compulsión, se siente segura entre la espuma y el agua, siente que son sus cómplices perfectos, que junto con el silencio la ayudan a sobrellevar esta carga, una que no eligió y que aún debate si tiene ganas de continuar cargando.
Rita tuvo tres hijos con el señor R. (como acostumbran llamarlo sus hijos) Lorena, Damián y Andrea. Los despierta uno a uno con una cariño añejo. Les sirve el desayuno, de repente la casa reboza de vida. Todo es una charla unida y amena de desayuno.
-Vieja estás radiante, acota Damián, un pendejo de 15 años que está empezando a hacer sus primeras armas entre la paja y los porros compartidos.
-Tomá el café que se enfría, radiante, le contesta Rita con una sonrisa cómplice.
Todo luce muy tranquilo, los chicos se van al colegio y la universidad. Rita se apura, tiene que pasar por terapia antes del trabajo, es el único horario que consiguió con ese terapeuta tan recomendado por amigos y compañeros de trabajo. Es su lugar, pagado para la expiación. Para romper la coraza y quedarse en carne viva.
Baja del 60 en Virrey Loreto y Cabildo y finalmente llega al departamento de su psicólogo, en la calle Ciudad de la Paz. Cuando entra al consultorio la recibe Osvaldo, siempre formal sin perder el toque excéntrico, cuando se sienta deja lucir unas medias verdes y bordó. Se miran y Rita empieza a hablar. Comienza la semana, comienza la sesión.

La luna continuó
- Sueño que voy en un colectivo, medio vacío y se me acerca un tipo mirándome los pechos. Siempre uso corpiños que me levantan un poco, ¿sabés? Y así parece que no se cayeron. La cosa es que el tipo se acerca y me apoya, por atrás, mientras me pide permiso para tocarme. La gente mira y eso me calienta. Pero él no me toca directamente, espera que yo le diga que sí, que puede. Se mantiene cerca y siento que el contacto también lo calienta a él. No puedo evitarlo, la humedad empieza a bajar por mis piernas hasta que no puedo soportar más.
- Rita, escúchame, ¿esto es seguido? ¿Cuándo te pasa esto?
- Siempre, Osvaldo, siempre. A veces hasta después de tener sexo. Es como si esa fantasía fuera lo único que me da placer en el mundo. Y luego siento vergüenza, porque están mis hijos que no saben de esas cosas locas que tengo en la cabeza.
- No es tan grave, te digo.
- ¿Ah no? ¿Y cómo lo controlo a Damián para que no se masturbe cuatro, cinco veces por día si yo hago lo mismo? Ese hijo mío no sabe cómo lo entiendo.
- Y ahora, Rita, con este muchacho, Angel, con el que estás saliendo, ¿te sientes mejor, estimula tus fantasías?
- Charlamos mucho, es una persona muy culta, pero huye cuando siente el quilombo en mi casa, con tanto para hacer, cuadernos para forrar, lápices, biromes, ropa sucia o lavada sin colgar, las ollas a medio limpiar, la cocina que es un asco. Todo eso lo espanta y se las toma. Nadie quiere comprar esa parte de mi vida, Osvaldo.

La sesión dura una hora y casi nunca le alcanza para soltar la carga del día. Y ahora a esperar a la semana que viene para volver al confesionario.
Hoy, especialmente, no se sintió tan liberada como otras veces. Osvaldo la miró como un bicho raro, como juzgando.

Eleonora continuó

Rita eligió a Osvaldo concienzudamente, desde que R la había abandonado por esa juvenil secretaria, todo terreno=todo teta todo culo. Su resentimiento hacia los hombres había crecido de manera desmesurada, sentía un odio infinito hacia ellos. Lo que no le impedía sentir una fuerte atracción por el sexo opuesto y, el sexo ocasional, era un paliativo para tanto dolor. Sentía por momentos que esos revolcones eran pura venganza y muchas veces pura expiación. Osvaldo tenía que ver con ese solaz, se quería demostrar que ni siquiera un profesional bien parado podría resistirse a una cincuentona que se ufanaba en contarle detalladamente su vida íntima palmo a palmo, casi convirtiéndolo en testigo directo de su sexo. Se lo describía despacio, su relato era caliente, era perverso, le agregaba el detalle de cruzar y descruzar sus piernas, riéndose internamente cuando Osvaldo trataba no distraer su atención mirándole la humedad que ella decía derramaba por sus muslos. Rita se excitaba y Osvaldo solo atinaba a mirarla profesionalmente pero por ahora ella tramaba el castigo a su terapeuta, era sólo el de mero voyeur. Más adelante, avanzaría tres o cuatro casillas…e iba a demoler. A él solo no, a todos los demás impíos.

Gabu continuó

Al salir todo sigue tan gris en su vida, tan insípido, tan rencoroso, tan lleno de nada.
Camina por Av. Cabildo y se siente observada, es obvio que le es imposible pasar desapercibida con su escote pronunciado que deja sus tetas al viento y su pollera de terciopelo ajustadísima que hace despertar el deseo más morboso de morder los cachetes de su culo voluminoso; Rita se sabe deseada pero los hombres siempre parecen ser su elección equivocada.

No quiere volver, necesita tomar el aire húmedo, percibir en la piel el clima pringoso del atardecer lluvioso; por inercia llega a esa esquina llena de recuerdos para ella, con detenimiento ve que nada queda de lo que fue ese lugar. Entra en lo que había sido la galería “Churba”, recorre el pasillo con sus ojos aunque su pensamiento esta en otro lado.
-Que manera de revolcarme en éste bendito lugar, cuanta lujuria, cuanto placer todavía puede olerse en el aire…

Rita salió algo excitada de la sesión con su terapeuta, la calienta demasiado saber que la desean y no ser poseída.
Toca esa pared donde parados frenéticamente se cogieron con “R” la primera vez, continúa caminando y observa que la columna de la tortura (así la llamaba ella), está ahí también, se apoya y una vibración la recorre, con sus manos inquietas toca sus muslos, levanta su pollera muy lentamente acariciando ahora el interior de sus muslos, impregna sus dedos con el flujo que la chorrea y los lleva a su boca para saborearse; en su interior algo comienza a latir. Baja su medibacha (Rita no lleva ropa interior), deja una de sus manos explorándose mientras con la otra desabrocha su blusa y la esconde entre sus tetas.

Era muy poco consciente en el momento, sólo sabía una cosa con claridad: quería transformar esos latidos tenues en espasmos interminables…

Living Dead continuó

Lorena, la hija menor de Rita, iba al mismo Colegio que Pablito, el hijo menor de Angel, por lo cual no faltaba ocasión para que Angel y Rita se cruzaran. Al principio el contacto se limitaba a un cruce de miradas y algún saludo de cortesía. Con el tiempo la afinidad mutua se fue haciendo más evidente. Buscaban excusas para forzar los encuentros como si fueran adolescentes y una cosa fue llevando a la otra. Un café. Un almuerzo. El primer revolcón. Siempre a las apuradas y en horas extrañas. La ajetreada vida de Rita así lo exigía.
Angel estaba casado, pero llevaba un estilo de vida bastante independiente. No rendía cuentas de sus acciones y su matrimonio flotaba al garete por las aguas hediondas de un estanque viciado. Era malo. Pero peor era caerse y ahogarse en esa inmunda negrura.
Para Angel, Rita resultó ser el recreo que necesitaba. Desde un principio dejó las cosas claras:
-Te doy lo que puedo. Vos me das lo que podés. Sin exigencias. Sin reclamos. Sin planes. Vamos para adelante…y vemos.
Ella aceptó. Como hubiera aceptado saltar de un avión en pleno vuelo o caminar por un sendero de brasas: Todo le daba exactamente lo mismo. Y era la primera vez en mucho tiempo que alguien le prestaba un poco de atención. Un hombre, con todo lo que ello implicaba. Para bien y para mal.
Angel era un cuarentón bien parecido, exponente de la clase media alta porteña. Un puesto de gerente de sucursal en un Banco privado. Casa en Palermo. Auto él. Auto la esposa. Cero sobresaltos. Afecto a las trampas fugaces, por primera vez incurría en el peligroso pecado de la amante fija. Y Rita había sido la elegida.
Rita no era Demi Moore, pero no estaba mal para hallarse en el umbral de los 50. Había estado con mujeres más lindas y más jóvenes, pero las proezas en la cama no compensaban la sarta de pelotudeces que debía escuchar antes, durante y después del sexo.
-Callate un poco, nena- Pensaba- No te quiero escuchar. Te quiero coger.
Con Rita eso era distinto. Era inteligente, ocurrente, ingeniosa. Estaba irremediablemente deprimida, pero cuando ella quería (y podía) sacar la cabeza de toda esa mierda, realmente brillaba. Y él estaba allí, para atesorar su brillo.
En el sexo, era salvaje. Comenzaba de menor a mayor. Iba calentando motores lentamente y cuando la máquina estaba a tope, arrasaba con todo. El ya no era un pibe y le costaba seguirle el ritmo. Dios salve al Viagra, aunque el dolor de cabeza posterior fuera cada vez más intenso.
Todo iba bien, hasta que las cosas comenzaron a complicarse.

Gabu continuó

Mariángeles la esposa de Angel, llevaba una vida chata, sin mayores preocupaciones que encargarle a la mucama de turno qué debía cocinar para el almuerzo ó la cena. “Contu” como la llamaba su círculo íntimo había crecido en el seno de una familia bien, lo que cualquiera de nosotros llamaría “gente como uno”, su doble apellido le pesaba tanto como compartir la herencia de su padre con su medio hermano Raúl, el cual había tomado suficiente distancia del ocio y los vicios de la vida adinerada a la que Contu estaba acostumbrada.

El matrimonio como todo principio iba viento en popa, hasta que el acostumbramiento y la rutina los consumió alejando todo rastro de ternura posible, lo único maravilloso que perduraría eran los hijos, lo demás se había transformado en el consabido ritual de silencios, gestos y últimamente malos tratos de parte de Ángel. Cada vez que daba rienda suelta a su lujuria junto a Rita, al volver a su casa no podía contener la furia de escuchar una y otra vez el sermón de Contu ante la evidencia invisible de saber que había otra mujer.
-Ja! Otra vez! ¿Podrías al menos cambiar el horario de encuentro, no?
- …
- Ángel al menos sé un padre ejemplar para tus hijos ya que no te importa ser un hijo de puta para mí.
- …
- Sabés muy bien que no me gusta que me des la espalda cuando hablamos.

Ángel no soportaba saberla despierta y cada vez que Contu pronunciaba las palabras mágicas “hijo de puta” algo detonaba en sus vísceras y lo enceguecía inmediatamente, al tiempo que sin medir distancia la tomaba del cuello a su esposa hasta que tristemente uno de los chicos era despertado por el forcejeo y los separaba.

Si no fuera por el bienestar económico y la libertad de ir y venir como se le diera la gana, Ángel ya le habría puesto fin a esa tortura redundante; Rita no era sólo su amante, hábilmente también era su confesora.
Rita sabía exactamente los puntos débiles de Ángel pero no debía tensar esa soga como una vez lo hizo sin querer; mientras Ángel la penetraba en cuatro patitas Rita comenzó a pedirle que le pegara con la palma de su mano en el culo, descolocada y al borde de uno de sus exquisitos orgasmos le dijo: “pegáme mas fuerte hijo de puta” y así fue como Angel al escuchar esa frasecita, totalmente fuera de si la tomó del cuello a Rita hasta dejarla violeta sin dejar de cogérsela como un animal, por pocos minutos estuvo al borde de la asfixia, confirmando que era un hombre violento.

Si no fuera por su virilidad, los regalitos y las propinas otorgadas inmediatamente después de cogérselo hasta dejarlo seco, Rita ya lo hubiese mandado a cagar.
Nada significa para Rita coger con ningún hombre y mucho menos sabiendo que todos son cortados por la misma tijera neandertal.
Rita sabe que los hombres son como el carbón, si no la queman a una, la ensucian.

Eleo Continuó:

Rita regresó a su casa, consciente de que se encontraría con R. Cada vez que sus almas se cruzaban pronosticaban chaparrones en el horizonte y crecía una tensión dolorosísima para ambos que tenía puntos de climax importantes. Aunque no lo pudiera decir, Rita gozaba de esos baños de lodo que suponía cada maldito encuentro. R se sentía culpable por el abandono que había hecho de su familia, 20 años de matrimonio no eran precisamente una nadita, y Rita no dejaba pasar ocasión para endilgárselo a la cara, así que estos embates torturantes se producían tres veces por semana. Ri era una adepta a ellos, necesitaba esa adrelina de odio que le provocaba verlo, se conjugaban sentimientos de amor, odio, traición y dolor casi en partes iguales en un cóctel explosivo. Por ello escapaba a lo que fuera para estar puntual, para no perderse la oportunidad de soslayarse en ese líquido ámbar de odio que tomaba obedientemente cada vez que R retiraba a los chicos.

Para R era terriblemente agotador. Es más, hasta pensaba en la posibilidad de no visitar más a los chicos. Pero también era consciente de que tenía que pagar ese precio y sostenía, con esperanza, que alguna vez su ex podría olvidarse de tanto rencor y retomar su vida y estimulaba su imaginación con imágenes de dos personas adultas sentándose a dialogar. Por ahora le perdonaba la frescura de su bilis ya que todos los recuerdos eran recientes. Ya pasaría el tiempo para ellos dos.
Ese día cuando llegó, notó que Rita estaba especialmente rígida. Sus muecas eran duras y olfateó el peor de los combates.

Rita sintió endurecer cada miembro de su cuerpo cuando lo vio venir tan feliz, tan despreocupado. Trazó un paralelismo y se notó amarga, vencida, vieja. Ni siquiera esos encuentros sexuales desmedidos que tenía podían paliar la tristeza de saberse abandonada, dejada de lado como un trasto viejo. Ella que le había dedicado todo los lozanos años de su vida, su despertar sexual, su virginidad, su vientre. Le había entregado todo, se había dedicado a sus hijos como él le propuso desde un principio, sus horizontes eran esa casa, que palmo a palmo y sudor tras sudor habían logrado armar juntos. Todo una vida dedicada a un hombre que cuando fue el momento de jugarse por la familia apostó a un premio mayor, la lozanía, tersura, dureza y compañía de un cuerpo más joven.
Y ahí se presentaba él, ejemplificando con su alegría lo acertado de su elección. Rita estaba devastada por ese voto a la juventud y rezumaba odio continuo. Formaba parte del engranaje de un calesita vieja, esas que nunca terminan de morir y, así desvencijadas, en el último estertor de la muerte siguen dando vueltas al ritmo descompasado de una vieja canción de Walsh.

Ni siquiera toda esa base de maquillaje podía ocultar aquellos trazos bien delineados de una vida vivida durante muchos años con mucha comodidad, pero que empeoró acentuadamente por un final que ella nunca se imaginó venir.

“Rasgos dramáticos”, la apodaban sus compañeras de trabajo.

“Tenés esa mirada triste típica de los tanos”, decían otras.

“…Ri, suavizá tus gestos…”, bla, bla, y toda esa sarta de boludeces que ella tenía que escuchar de ese ejército de mujeres que nada sabían ni podían imaginar de sus pesares diarios.

Sus triviales consejos le daban náuseas y prefería tomar distancia de sus conocidas de trabajo.

¿Acaso era ella el conejito de Indias para que todas anduviesen opinando sobre los debes y haberes?.

Es que ese hato de mujeres pintaba dramáticamente la vida que supo tener, razón de más para que ella se alejara ráudamente de esa vida pintada de rosa por unos años y luego crudamente pintada de negro por un autor caprichoso.
Movió su rubia cabellera deslucida por el abuso de shampoos berretas. Alejó de su mente a sus compañeras de trabajo y volvió al tema central de su vida: su EX “R”.

Estaba de frente a él, pero R no acusaba recibo de las miradas asesinas. Las esquivaba gallardamente, actitud que ella se obstinaba en hacerle notar. R movía los pies nerviosamente, mientras sus hijos se decidían a bajar del departamento. En algunas circunstancias se planteaba si sus hijos no estarían castigándolo, dejándolo al amparo solitario de su ex-mujer para que ella pudiera vomitarle en la cara toda la sarta de quejas y demandas habidas y por haber. Quizás había una cierta complicidad entre la madre y sus hijos para darle el tiempo exacto y poder decirle todas esas cosas.
Ni bien llegó, lo barajó mal …

-Espero, mínimo, que te hayas bañado para estar con tus hijos, no sea cuestión que producto de tus revolcadas tus hijos se agarren alguna peste.
-Mirá Rita, lo que yo haga o deje de hacer es parte de mi vida personal, vos hacé tu vida que yo hago la mía.
–Si, de eso se trata, ¿¿¿no ??? De hacer tu vida. Y decime, ¡¡¡PERO DECIME!!! ¿CUANDO LA DEJASTE DE HACER?
–Pará un poco. Bajá la voz, te van a escuchar tus hijos…
-¿Y desde cuando a vos te importan tus hijos tremendo hijo de puta?, ¿Acaso cuando te estabas haciendo tirar la goma por tu secretaria pensabas en ellos? ¿O cuando te cogías a la de turno…maldito imberbe?.
-Es inútil estar discutiendo esto con vos. Ya sabés que lo nuestro se terminó.
Rita adquirió tono carmesí y le gritó:
-¡¡POR SUPUESTO QUE SÉ QUE ESTO SE TERMINÓ!!, ME LO DEJASTE BIEN CLARITO CUANDO DECIDISTE ABANDONARNOS POR ESA PUTITA QUE TE CALIENTA LA CAMA. ¿CUANTO VIAGRA TENÉS QUE TOMAR? PORQUE SI YO MAL NO RECUERDO, TUS PROBLEMITAS DE ERECCION ERAN BASTANTES ELOCUENTES.

R. se iba a lanzar en una inútil defensa de su sexo herido, pero mejor era callar y no ahondar en detalles del porqué de su impotencia con ella. Sí, con ella. Sería inútil retomar reproches sobre su poca predisposición sexual o su carácter terminal que había opacado sus retozos en la cama. Rita trinaba de furia y él, que la conocía hacía largos 20 años, ya tenía memoria o conocimiento selectivo sobre esas situaciones. Sabía cuando su ex escuchaba o no. Por lo tanto hizo oídos sordos a la retahíla de comentarios vejantes que Ri derramaba de su boca como lava ardiente.
Unos pasos salvadores se escucharon, y R. torció la mirada para encontrarse con sus bebes, aunque todos rozaran la adolescencia. Así los sentía él, todavía sus bebés. Sus hijos se confundieron con su padre en un abrazo reparador que le llenó los ojos de lágrimas y así volvió a la vida que había abandonado por unos instantes cuando Rita se apostó frente a él y lo ahogo en su mierda.

Salío como a quien lo persiguen los demonios, tratando de exorcizarse de ese encuentro con el mal y recordó el comentario sarcástico de su noviecita:

Mi amor, tratá de volver enterito de tu encuentro con Freddy Krueger.

Y así marchó con el sonido de su risa melodiosa rebotando en sus tímpanos. Roxanna era todo sentimiento, era entrega, era cuerpo, era muslos ardientes, era la compañera perfecta a pesar de sus escasos 23 años. Con pudor él confesaba la edad de su segunda mujer. Sí, mujer, porque la jovencita había dejado en claro que ella no era para una sola noche, sino para toda la vida. Al principio Roberto la escuchaba divertido, pero a medida que pasaba el tiempo, se había dado cuenta de que las necesidades de Ro eran cada vez más urgentes. Ella inteligentemente había accedido por un tiempo a donarle los fines de semana de su amorcito a su mujer, pero luego la idea de que él estuviera durmiendo en la cama con esa bruja le hizo fruncir el ceño. Y si algo no le gustaba a Roro, como le decía papucho, era que algo le frunciera la cara y quedara un poquito “feíta”. Así que le dio mucho sexo salvaje de ese que la nenita sabía utilizar bien y en el momento exacto en que lo vio entregado a sus pies, se lo sacó …

“…malo, malo… Como a los nenitos que se portan mal”, -pensaba ella-

“…Ahora te voy a castigar y me voy a ir con los amiguitos de mi edad a salir, bailar y de paso conocer un hombre que me dé lo que vos no…”, era la amenaza más efectiva. La que lo hacía sentir viejo e inseguro.

Y así fue que tan fácil, el hombre de su vida, por una mera privación de su sexo, aceptó abandonar esposa e hijos, por seguir siendo un vip en esos labios húmedos que profanaban los cielos.

Eleo continuó:
Roxanna, Roxy, Roro, no conocía una negativa. Desde que su padre la había abandonado, su vida al revés de la corriente se había convertido en un lecho de rosas, razón por la cual no sentía ni en lo más mínimo su partida. Su madre, abrumada por la culpa de una infidelidad pasajera con un compañero de oficina, asumía todas las causas de ese abandono y pagaba en contante y sonante. Ya niña, Roxy tenía lo que quería, lo que deseaba. Un colegio excesivamente caro que su madre se sacrificaba en pagar, las mejores marcas o vacaciones donde quisiera, siempre al amparo de todas esas culpas. Así creció ella, asumiendo que el mundo estaba para satisfacerla. Nada le era privativo de su deseo, nada escapaba de su elección caprichosa. Manejaba a la gente según su antojo y todo era funcional a su dedito manipulador.

A los 22 años, cuando conoció a R, supo que era para ella. Y ahora que lo poseía, se divertía pensando que fácil era todo para una ganadora nata como su persona. Su psicólogo se obstinaba en machacarle que tenía un trastorno límite de la personalidad, pero esas huevadas de libro a ella le parecían exageradamente graciosas. Ro pensaba que su terapeuta no podía saber nada de ella. Sólo le contaba lo que le venía en gana. Osvaldo, a quien recién conocía y a quien había llegado por recomendación de su mamá, le parecía insípido, inodoro, e incoloro, razón de más para denostar y denigrar todos sus argumentos estúpidos a valoración cero. Se mofaba cuando él le decía “…En R. estás buscando al padre que te abandonó…” Ella estallaba en risas histéricas, replicándole “…Pero Ossss, a mí me hizo un favor. Gracias a los cuernos que le puso mamá, su culpa ella me entregó el mundo…”

Y así estaba con su terapeuta, ni un paso para adelante ni para atrás, “…todo por consentir a mamá…”, argumentaba ella
Si algo la divertía de esas sesiones, era burlar a Osvaldo, a quién ella llamaba Papucho. Cuando así lo mencionaba, la sesión llegaba a un paroxismo tal que el aire parecía a punto de estallar. Osvaldo se ponía rojo. Granate. Adoptando tono profesional le pedía, exigía y a veces demandaba un trato más profesional de su parte. Pero Roxanna era una “cazalímites”. Una borderliner de nacimiento. Su actividad favorita era transgedir. Costear el límite y siempre quedar vacilando en esa línea tan delgada que por momentos era invisible. Y ni siquiera podía con esa práctica, en la casona que compartía con R.

Desde que R. la había instalado en esa mansión en aquel lujoso country de Pilar, se aburría. El abandono que sufría de parte de R. la enfurecía. Se sentía exiliada, privada de la mundanal ciudad capital. Añoraba los ruidos, claxones, el repicar de tacones furiosos. Por eso hacía de sus delicias cuando su pareja traía sus hijos a casa. Ese era el momento de la semana en que su vida adquiría diversión. Primero y principal por que la divertían soberanamente las miradas indignadas de las hijas de rrrrrr, como le decía ella en la cama. Ellas no podían controlar el odio que destilaban sus ojos. Pero su juego favorito era con su hijo adolescente. Reconozcamos que 8 años menor que ella, era mucho menos que los veinte y pico que la separaban de su reciente adquisición (o “marido”. Como quisieran llamarle). Bah, le daba igual. ¡Los rótulos eran tan relativos!

Torturar a Damián de deseo era un juego perverso y emocionante en el que ella había decidido participar. Reconocía que en primera instancia el pendejo no la desvelaba. Otro muchachín calentón, que a fuerza de pajas vivía. Pero el aburrimiento y la soledad que R había elegido para ella desde el momento en que la había exiliado en Siberia, como a ella le gustaba llamar al country, habían convertido al pibito en un objeto deseable de tortura. ¿Quien podía culparla?, pensaba ella, ¿acaso era justa tanta desolación, tanto verde, tanto pajarito…tanto ostracismo?.
Por supuesto que a Ro le molestaba el rechazo generalizado del resto de la gente que vivía en el country.
-¡Viejas de mierda, achacadas! –Pensaba ella- Yo represento todos sus temores. Tienen miedo que sus maridos hagan lo mismo que mi amorcito y queden a los 50 y pico tecleando entre la desolación, el abandono y la miseria…
Pero por más caparazón que ella opusiera, esa herida y ese vacío la desubicaban. No olvidemos que su vida era un lecho, no un cementerio de rosas…

Living dead continuó:
Toda esa guerra de nervios había hecho eclosión un sábado a la tarde de mayo. El sol tibio del otoño. El cielo azul asombrosamente diáfano por la falta de smog en aquellos parajes suburbanos. Aquella soledad cruel que se clavaba en su carne joven como un anzuelo de pesca.

Roxana miraba a través del cristal de la ventana y sus ojos comenzaron a humedecerse primero. Luego a inundarse. Finalmente las compuertas se abrieron y una cascada de lágrimas lubricó sus mejillas consentidas.

El sonido del picaporte interrumpió su ejercicio autocompasivo. Era Damián que entraba por la puerta de la cocina, embarrado de pies a cabeza luego del test match de rigor de los sábados. El rugby era una religión para él. El fútbol era “…cosa de negros…” Cuando Dios había hecho el reparto, él había caído del lado de la elite. No podía quejarse de su suerte. A los 16 y en pleno desarrollo, su cuerpo rondaba los 80 kilos y exhibía una respetable musculatura. Mens sana in corpore sano. Salud y vigor. Una bolsa incontenible de hormonas en ebullición.

Roxana se acercó a él en un gesto maternal que resultaba a todas luces forzado:

-¡Estás todo embarrado! Mirá como estás dejando el piso…¡Tu padre te mata!

-…

Damián se mostró sorprendido. Sin asumir el estado depresivo de ella, que la había tornado extrañamente vulnerable, él notaba en su actitud algo que no era habitual. No obstante y tal vez por ese extraño instinto animal de los machos en celo, le gustó…

-Sacate esa ropa y metete en el baño.

Comenzó a ayudar al chico a sacarse el buzo embarrado. Roxana estaba vestida con una remera de algodón larga, por la mitad de los muslos, que cubría su (pequeña) bombacha de algodón y sus pechos desnudos. Unos senos pequeños y puntiagudos. La proximidad de Damián, el bamboleo contra la tela o tal vez algún roce accidental (o no) contra el pecho del chico, habían provocado la erección de sus pezones que se revelaba claramente bajo la remera. A Damián no le había pasado desapercibido ese detalle y su entrepierna comenzó a abultarse sugestivamente.

De pronto estaban allí: El chico con el torso denudo. Con sus hombros redondos y sus abdominales marcados. Transpirado. Con su mirada inocente y una erección del carajo. Roxana y su sensación de abandono. Su soledad y esa incipiente humedad que había subido dos grados la temperatura de su entrepierna.

No hizo falta mucho más.

Sin decir palabra ella se arrodilló y tiró con todas sus fuerzas hacia abajo. El short de Damián cedió junto con el calzoncillo. El profirió un grito corto cuando el elástico del slip se trabó el la cúspide de aquella diagonal ascendente que describía su miembro. Tiró la cola hacia atrás y la tela cedió.

Ella se lo metió en la boca e hizo su trabajo. O por lo menos intentó hacerlo… No fueron más de tres segundos. Entonces un torrente de esperma llenó la boca de la chica. Ella lo miró a los ojos, y sin dejar de hacerlo lo tragó todo…Un tributo que el joven no olvidaría mientras viviera.

Luego Roxana se incorporó y se fue corriendo, cerrando la puerta de su cuarto a sus espaldas con un chasquido violento. Se había llevado consigo un semi remolque lleno de preguntas y confusión.

Damián se quedó parado en medio del living. Su pene ya fláccido goteó una…dos…tres veces. Sus pantalones aún descansaban enrollados en sus tobillos. Su rostro, con restos de barro entre los estragos del acné juvenil, se debatía entre la sorpresa y la satisfacción…

Eleo continuó (Sola como Sobisch el día del maestro)

Roxana cerró las puertas tras de sí. Sentimientos entremezclados entre la risa y el llanto la inundaban. Poco a poco una sensación de poder la fue invadiendo. Muerto el Rey, Viva el rey. Digamos que en esa casa era la ama y señora. Los dos hombres que oportunamente dormían bajo ese techo le pertenecían; la excitaba la idea de poseerlos a ambos.

Recordaba cada gota que se había tragado. Sus ojos habían escudriñado la cara de Damián, confirmando su poderío: El chico poco a poco se había convertido en una pertenencia exclusiva de su sexo. Se rió de ella, del muchacho y de Roberto, que si se enteraba hubiera muerto de un ataque de apoplejía. Pero faltaba tiempo para enviudar. Tiempo y herencia, poderoso factor que ella no estaba dispuesta a perder.

Maribel odiaba a Roxanna. Los fines de semana que inevitablemente debía encontrarse con su padre la fastidiaban al extremo. El hecho de pensar en tener que tolerar a una mujer más joven que ella ejerciendo de madrastra la superaba. En realidad superaba todo lo que ella hubiera podido prever en su vida. Chica metódica, organizada, todo bajo control. Y cuando se suponía que la vida comenzaba a destellar, le cae la impronta de ser hija de padres separados, además de tener una madrastra menor que ella. Era el corolario de una vida tirada a la mierda en un santiamén.

Su predilección confesa por su padre le impedían criticarlo en cualquiera de sus formas, pero menudo trabajo le estaba dando papá… No estaba conforme por el modo en que él retribuía su incondicional fidelidad. Maribel era una defensora nata de su padre contra los comentarios que Rita salvajemente profería contra R, pero cada día le se le hacia cuesta arriba. Comenzaba a sentir que su padre era indefendible.

Ni bien empezó lo de Roxanna y Damián, ella lo captó al vuelo. Las miradas inquisidoras y de deseo de Damián, los ojos huidizos de Roxy. Eran señales inequívocas de que algo sucedía a expensas de ella. Y no le costó mucho darse cuenta que aquello estaba pasando bajo el mismo techo donde fines de semana transcurría su vida bucólicamente. Dos mas dos es cuatro y al ver a su hermano como un cachorro babeante tras su ama, le cerró todo: “…acá algo pasa y no es normal…”-dedujo. Así que fue cuestión de esperar, hasta que la verdad la golpeó de manera inevitable. No tuvo que aguardar demasiado. Ni siquiera tuvo que esperar la complicidad de la noche. Una tarde su padre se fue a jugar al golf, y listo… cartón lleno. Vio a Da correr casi desnudo a la habitación que su padre compartía con ella y cerrarse la puerta con un golpe tras de sí. Era evidente que el deseo era urgente. Caminó silenciosamente hasta la habitación que solía ocupar, lindante con la de su padre, usurpada ahora por los dos impuros. Ruidos apresurados de ropa al caer y otras señales inequívocas de juegos precoitales, le hicieron caer en la maldita cuenta de lo peor…no necesitó abrir la puerta. Todo tipo de ruidos animales invadían sus oídos, estertores de placer, jadeos lacrimosos, ruegos de acabar asaltaban sus tímpanos. Era tanta la actividad frenética y acompasada de ritmos jadeantes que tuvo que hacer un esfuerzo sobrehumano para no excitarse y tomar cabal dimensión de lo que estaba sucediendo a pasos de ella: Su madrastra se estaba cogiendo a su hermano!

Entreabrió la puerta urgida porque sus ojos fotografiaran el pecado cabal en casa de su amado papá. La realidad le mostraba una Roxanna en cuatro patas, mientras su hermano fuera de sí la penetraba lujuriosamente. Extasiado. Maribel corrió alocada a su habitación y se desparramó sobre su cama. Histérica se desprendió de sus prendas interiores y buscó su clítoris, acabando demencialmente con la imagen impresa de su hermano acabando gota a gota. Primero en el culo, luego en la boca de esta mujer que ni siquiera tenía reparos en tener su propia mierda desparramada caóticamente en sus labios.

Rita presentía que algo pasaba lejos de su esfera de acción. No podía saber con precisión qué era lo que la intranquilizaba, pero algo sucedía. Aquello hervía, bullía bajo la superficie. Y como se consideraba simple, optó por las más llana de las superficies: le recomendaron una bruja. Y ahí fue.
Departamento de barrio norte.

Llegó a ella recomendada por una amiga de una amiga. Le dijeron “…no es la bruja tradicional, pero tira las cartas como ninguna…”, “…Medio desordenado el ambiente…”, decían las conchetas de la oficina, “…pero relajate, que con $ 50 pesitos la mina te soluciona la vida…”Llegó, previa cita, a las 15 hs. Digamos que para ella era un horario desacostumbrado, pero nada que no pudiera resolver en un almuerzo. Planificó horarios, atrasó almuerzo y ahí estaba, tocando el timbre insistentemente. Un ascensor antiguo la acerco al 3 “D”. Una lóbrega puerta por todo anuncio predicaba un futuro incierto. Sintió un escozor en la piel cuando una alarma similar al ulular de un carro de bomberos resonó en el pasillo. Vaciló. Pensó en la posibilidad de salir corriendo al ritmo de ese sonido, como si algo la alertara que las cosas no estaban bien. Justo en el momento en que se decidía a marcharse dando por tierra toda alusión a un futuro predicado, sintió el chirriar de la puerta. Giró sobre si misma y se encontró con una pequeñísima persona que la miraba curiosa colgada del picaporte de una antigua puerta de madera. Sólo atinó a decir cuatro palabras:

“…me espera madame Gabrielle…”

Sus palabras salieron como un susurro ahogado, razón por lo cual la chiquilla se quedó observándola azorada. Atónitas las dos, Rita evaluó una decorosa retirada pero de pronto vio por el rabillo del ojo que la puerta se abre aún más. dando paso a un mujer inmensa que tapaba cualquier rastro de luz.

Y todo oscureció…

Living dead continuó:

Osvaldo había comenzado a sospechar que algún misterioso vínculo unía a dos de sus pacientes más fieles. Las historias de Rita y Roxana tenían demasiados puntos de contacto para tratarse de una casualidad. De un modo caprichoso había quedado en medio de una maraña patológica que paradójicamente él mismo debía desentrañar. Rita y su madurez esquizofrénica. La vida la había cagado a palos. Mostraba una imagen de mujer superada, madura, invulnerable. Pero si persistías en raspar la corteza, no tardaba en rezumar el pus del resentimiento. Todo ese odio necesitaba una vía de escape. Y ella había elegido purgar sus desencantos a través de la exacerbación de su sexualidad, rayana con la ninfomanía.

El caso de Roxana era bien distinto. Se hallaba en el pico de su lozanía. 23 añitos, músculos firmes. Una cara que dejaba a Scarlett Johansson a la altura de Toti Ciliberto. Un historial de sobreprotección materna, caprichos consentidos y ambición desmedida la convertían en una siniestra máquina de destruir vidas ajenas. Comprendía a R. ¿Cómo rechazar el canto de las sirenas? El tampoco hubiese podido resistirse.

Tiempo atrás había estado a punto de perder su licencia por dejarse llevar con aquella casi-mujer de 15 años. Ante los mohínes de la adolescente había tenido un arranque de “American Beauty”, aunque con un final diferente: La chica se lo confesó a su padre, quien no conforme con perseguirlo casi 6 cuadras con una pistola, lo denunció con la policía. La cosa no pasó a mayores. A fin de cuentas sólo le había practicado sexo oral a la jovencita (20 minutos. 2 orgasmos de ella y una sensación inolvidable en sus retinas, su olfato y su lengua).

No pudieron probarle nada.Debió esperar un tiempo y mudarse bien lejos para volver a ejercer. Ahora las cosas se habían reacomodado. Era un buen psicólogo y el boca a boca había engrosado nuevamente su agenda, como en los buenos viejos tiempos.

Y ahora esto: Una pendeja consentida más fuerte que un buey y una veterana desesperada a la que le gusta la pija como el dulce de leche. Ambas lo inquietaban.

Las dos se le insinuaban de una u otra forma. Era bueno interpretando los mensajes de las mujeres. No en vano se consideraba un de los mejores en lo suyo. El triángulo que ellas integraban sin saberlo aportaba un ingrediente extra a la situación.

Todo lucía como una ciénaga de aguas oscuras y profundidad incierta. El estaba parado en la orilla, dudando si zambullirse o no. Ahogarse sería el menor de sus problemas.

Kill continuó

-¿Qué siente cuando tiene esos presentimientos?
-¿Qué siento?
-Sí, físicamente, ¿qué sensaciones tiene?
Rita duda unos segundos, mira la habitación, piensa en la casa del Sr. R, en sus habitaciones, piensa en sus tres hijos cogiendo, entre hermanos, piensa en R. mirando la televisión mientras Damian desflora a sus hermanas. Piensa en la pija de Damian, ve a sus hijas chupándole la pija a su hermano.
-Tengo una sensación de peligro, de alto. Siento que hay peligro pero no puedo ubicar dónde está.
Osvaldo observa los gestos que Rita hace con sus manos, pregunta pero no está muy convencido de su interrogatorio. Observa a Rita hablar y nota que su pija cambia de posición cuando no la siente más recostada rozando su pierna.
-Veo a mis hijos en peligro, esa es la realidad, creo que algo malo puede llegar a pasarles, su padre no se ocupa de ellos como debe.
-Usted sabe que no debe invadir los momentos de custodia de su ex marido, es su momento con sus hijos.
-Usted no lo conoce doctor.
-¿Nunca pensó en realizar alguna actividad sin sus hijos?
-Él no se ocupa, nunca se ocupó, no veo por qué se iba a tomar la molestia justo ahora.
-Algo que la despegue un poco, que la conecte con otra gente, no puede estar pendiente todo el tiempo de sus hijos. Tiene que dejarlos ir.
-Y esa hija de puta que vive con él es peor que él. Esa hija de puta ni siquiera se molesta en darles un plato de comida a mis hijos.
El doctor sabe lo imprudente que es para el psiquismo de Rita esta apoderación de sus hijos que sostiene, sabe que le va a terminar siendo contraproducente y no quiere a Rita con un cuadro de depresión si alguno de los chicos decidiera ir a vivir con su padre.
-Yo creo que una o dos veces por semana estaría bien, el gimnasio, pilates, algún idioma, algo que la enriquezca.
-Usted no me está escuchando doctor, como siempre.
-A ver Rita, ¿qué le hace pensar que no la escuchan?
-No, que usted no me escucha pienso y no sólo lo pienso, estoy segura
-¿Pero qué es lo que la hace sentir ignorada?
-Ve, sigue en la suya, en la del psicólogo, no tolero esa distancia Osvaldo, no la tolero, me hace poner histérica.
Rita tiene los ojos llenos de lágrimas y se angustia como nunca antes lo había hecho.
-Pero no es así Rita, yo hago mi trabajo.
-No me querés escuchar y te empecinás en meterte tras tus anteojos de terapeuta y tu mirada comprensiva, pero aún así no entendés.
-¿Y qué es según usted lo que yo no entiend…
-¿Me querés volver loca? Rita intenta un cachetazo y Osvaldo lo esquiva, pero lo único que consigue es irritarla más y se le va encima como un león en celo.
-Contestame hijo de puta, me querés volver loca, eh, loca. Rita forcejea y Osvaldo la contiene como puede, los dos caen al piso, Rita es fuerte pero Osvaldo la sostiene de las muñecas.
-Ahhhhhhh, hijo de puta te odio, te odio, te odio. Rita está montada sobre Oslvaldo y deja de hacer fuerza ahogada por el llanto y se deja caer encima de él, Osvaldo lo permite y la abraza compasivamente

El momento se alarga unos minutos durante los cuales el único sonido que se oye es el llanto ahogado de Rita, una y otra vez, en andanadas, llora por su vida perdida, llora por desesperación, llora por no poder controlarse, llora una y mil veces y Osvaldo la sostiene y los minutos danzan como hadas sobre las agujas del reloj, en un cuento jamás imaginado y de color violeta, hasta que, aún entre sollozos, Rita recupera el habla y casi susurrando habla con mucha pausa en la oreja de Osvaldo.

-Vos no me entendés doctor, no entendés mi dolor. Para vos soy una especie de patología más, soy de manual doctor, no me entendés.
-Rita yo estoy acá para usted, siempre intento ponerme en su lugar, sólo que no puedo desentenderme de los datos que me da.
-No querés escuchar, sos un boludo. Estás ahí sentado, mirándome las piernas y las tetas, diciendo todo…
-Rita eso es una locu…
-Dejame terminar de hablar carajo… diciendo todo el tiempo “aha de acá aha de allá” y lo único que te movilizaría esa mancha que tenés en el pecho en lugar de corazón es echarme un polvo.
-Esto es una locura Rita, doy por finalizada la sesión…
-¿Querés? ¿De verdad querés?
-¿Eh? ¿Si quiero qué?
Rita lo agarra de la pija.
-Cogérme pelotudo, ¿qué mierda va a ser?
-Rita por favor.
Osvaldo trata de zafarse pero Rita lo agarra de la pija con fuerza y se apoya pesadamente en su cuerpo no dejando que Osvaldo se incorpore.
-Dale decime, decime que me querés coger no seas pelotudo, a ver si después me escuchás de verdad y me podés ayudar pelotudo.
Rita le baja el cierre y le pasa la lengua por la cara, Osvaldo está sobrepasado, perdido y recontracaliente.
-Soltame la puta mad…
-Ves, mirá que pija dura tenés pajero, seguro que después de que yo me voy te hacés la manuela puto.
-No te atiendo más loca de mierda.
Rita le mete la mano por debajo del pantalón y el calzoncillo y le agarra la pija, la nota toda mojada y pegajosa.
-Mirá como estás pajero, toda babeando la tenés, dale doctor cogete a la vieja doctor.
-Esto es una locura por dios, Osvaldo intenta un llanto pero la calentura no lo deja imporvisar, Rita le abre el pantalón y a esta altura el doctor es un cómplice más.

Por supuesto que dice que no, pero no hace nada por ese no, su NO suena a SÍ y rita empieza a chuparle la pija.
-Ahh, ahhh Rita ahh ahhh que caliente estoy Rita por dios.
Rita lo chupa, se mete la pija de Osvaldo hasta donde le entra, la siente hasta la arcada, le toca los huevos, los escupe y los chupa. Osvaldo se sienta y le mete la mano entre las tetas. Mientras Rita lo chupa él manosea esas tetas grandes y blandas. Las toca con fuerza. Rita le baja más el pantalón y Osvaldo le saca la blusa, la tira de espaldas y la abre de piernas y le saca la bombacha.
-Cogeme puto, cogeme como un hombre.
Osvaldo se baja los pantalones hasta la mitad sin sacarse los zapatos y se le sube encima abriéndole las piernas.
-¿Querés mi pija?
-Si quiero.
-Pedila puta, pedime la pija.
-Ni en pedo, cogéme.
-Sinó me pedís pija no te cojo nada.
-Cogéme forro.
-Pedila.
-No.
-Pedila.
-No.

El ritual sigue con esas dos palabras como estandarte mientras Osvaldo le refriega la cabeza por la concha a la vez que le chupa el cuello y la oreja mientras le susurra “Pedila” dos mil trescientas cincuenta y nueve veces al oído empapado de Rita. Le muerde las tetas y Rita le tironéa el pelo y siempre la palabra es testigo de cada uno de sus actos hasta que se oye un.

-Dame esa pija hijo de puta, damelá.

Y Osvaldo entonces cumple.

Gabú prosiguió:

Rita casi asombrada le susurra que nunca tuvo sexo anal. Osvaldo con su miembro enorme aún en pie de guerra, abre los ojos mirándola entre el asombro y la calentura.
Osvaldo se apoya entre las trémulas nalgas de Rita, mientras su corazón late con fuerza en sus sienes, en su sexo, y en instantes en su culo. Rita mira hacia atrás para ver el rostro de Osvaldo, que se concentra tomando su miembro con las dos manos y le dedica una mirada de complicidad guiñándole un ojo. El pene comienza a abrirse camino y despacio la carne del esfínter se estira poco a poco e instintivamente. Rita quiere liberarse de la presión pero toma aire en sus pulmones mientras él introduce toda la cabeza del pene pasando al interior de su cuerpo. Ella cree no poder soportarlo y la vista se le nubla. Su cuerpo está tenso y su respiración se acelera, hiperventilando el exceso. Así transcurren unos segundos que se hacen interminables. Osvaldo le habla totalmente desencajado:
-Te gusta?
-Siiiiiiií…
-De quién es este culito?
-Tuyo!!!
-Mmmmm…Así me gusta…
-Así, así, así! No pares!
-Te gusta perrita?
-Síiiiiiiiiiiiiiiiii! Más, más, más! Dame más!
-Sos muy puta, Rita, y te voy a dejar el culo tan abierto que no vas a poder sentarte durante una semana!
-Siiiiiiiií, soy muy putita! Cojéme más fuerte!
Así consigue que Rita se calme y empuja su miembro dentro de ella. Rita suelta un gemido de dolor. Siente una invasión violenta como nunca imaginó y tiene que aferrarse con fuerza al escritorio. El dolor remite. Cuando el falo empieza a entrar y salir rítmicamente, siente que los dedos de Osvaldo se introducen en su sexo mojado. El esfínter se adapta como un guante al pene de Osvaldo y en esa posición (“de parados”) se relaja hasta que comienza a sentir placer mezclado con dolor. Él entra y sale aferrándose a sus caderas. Nota como su miembro aumenta de tamaño presintiendo cerca el momento de llenarla de su leche. Rita alarga su mano entre sus muslos hasta tocarle los huevos que libres golpeaban en su clítoris. Los agarra. Los acaricia. Los presiona con fuerza, cerrando la mano.
Rita quiere manejar la situación, pero Osvaldo es tan enérgico en cada arremetida que no puede evitar suplicarle que pare. Le dice: “…Me voy a desmayar…” El la mira con una sonrisa superada y no se detiene. Excitada con su propio placer y con el de Osvaldo, que aumenta por momentos como oleadas que van y vienen. La verga sigue dentro de su culo entrando y saliendo, a veces por completo, y volviendo a entrar antes de que su esfínter se cierre. Deja de sentir dolor. Por el contrario experimenta un placer distinto a la penetración vaginal. Una excitación más sensorial y menos directa, como el movimiento del mar sobre el acantilado. Espera pacientemente la próxima embestida. Un pasaje seguro al goce extremo. Osvaldo juguetea con su clítoris tomándolo entre sus dedos y presionándolo, buscando las zonas y los movimientos adecuados, a los que Rita reacciona con gemidos de placer.
Las embestidas se van haciendo más violentas. Rápidas. Casi continuas. A veces deja su verga en el interior, empujando con fuerza tratando de buscar las profundidades. Rita se siente reventar en un orgasmo sin precedentes que llega antes que el de Osvaldo. Un Tsunami que lo arrasa todo haciendo entrar a su cuerpo y mente en un estado de enajenación sublime.
Rita no recuerda el tiempo que estuvo chorreando sin parar, pero cuando termina le parece que pasó horas en ese estado.
Agotada y cansada, hace acopio de fuerzas para no derrumbarse porque Osvaldo sigue bombeando detrás de ella como un poseso. Su cuerpo está anestesiado y apenas siente su pene dentro. Gira para mirarlo nuevamente y ve su rostro desencajado. Las venas de su cuello hinchadas, como si estuviese a punto de estallar mientras lanza gemidos de placer quemándole las entrañas con su semen caliente.
Al verlo así, sólo una frase surge de su boca, espontánea. Punzante:
- “Osvaldo, sos igual a todos al final. Sos como las antiguas libretas de ahorro: de tanto meter y sacar se pierde el interés”
Osvaldo al escucharla comprueba la veracidad de su teoría de cabecera: “Si el cerebro fuera tan simple de comprender, Rita sería tan simple que no podría comprenderla…”
 

 

Eleo continuó:

 

R. no sabía que hacía en esa sala mediocre.

“…Típico de psicologo fracasado…” Pensó.

Todo color marrón, revistas viejas. Dedujo:

“…a éste le gusta que lo esperen…”

 

Ya hacía media hora que esperaba la sesión del “amor”, como decia Roxy. Había llegado ahí arrastrado por “el” nuevo capricho de su mujer, en este caso “Terapia de pareja”. Hacía rato que él venía esquivando este muerto, pero cuando Ro se puso insoportablemente densa, no le quedó más remedio que acceder. No podría tolerar otro de sus ataques de llanto. Y ahí estaba, con rostro impasible, al lado de una Roxanna que no paraba de moverse. No entendía qué le sucedía, pero estaba inquieta. Ella le había confesado que el hecho que él hubiera accedido a conocer a su terapeuta y hacer unas sesiones de terapia vincular la movilizaba.

Para ella los juicios de Osvaldo eran “palabra santa”. Se había esmerado en vestirse para los dos. Quería ser la estrella de la tarde: aretes Swarosky acorde con vestido J. Chebar y cartera Fendi. Sentía que podía comerse el mundo. Estas visitas a la mundanal capital la extasiaban y se venía preparada con todo. Para ella las visitas a la porteña capital, eran como un desfile de pasarela. No veía la hora de que se abriera la puerta y Osvaldo la viera así de producida.

Y así se encontraban, cuando la puerta se abrió de repente y salió una mujer cuyo rostro le pareció familiar. Le llamó la atención lo desaliñada que se encontraba. Sus ropas desordenadas, zapatos en mano y semblante ofuscado. El rimmel se le había corrido y tenía marcas evidentes en el cuello. En un principio ella no los miró, pero algo sucedió que escapo a su control y a la previsibilidad de esa tarde de primavera destinada a avalar su reinado. Sintió el cuerpo de R endurecerse y vio como él se levantaba de golpe. Sorprendido. Azorado…Boquiabierto.

 

Living dead, más caliente que mierda de oso, continuó:

 

Por un eterno momento las miradas de Rita y R. Se cruzaron con un chisporroteo imaginario. La cabeza de Roxanna era un péndulo que oscilaba de izquierda a derecha: De un lado, el gesto incrédulo de R. Los ojos desmesuradamente abiertos, abandonados en el desierto de la incomprensión. Del otro, la máscara de odio que Rita exhibía como su carta de presentación. Pero había algo más. Algo que se intuía…Hasta podía olerse en el aire.  

Literalmente. 

Fueron 5 segundos interminables los que necesitó cada uno de los que componían la escena en aquella pequeña sala de espera para armar su rompecabezas mental personalizado. Rita fue quien descalabró ese silencio incómodo con un saludo protocolar. 

-Hola, R. 

Osvaldo era de algún modo el responsable de aquel encuentro. Era la manera más sencilla (aunque un poco enferma, por cierto) de determinar si las historias de Rita y Roxanna eran parte de una misma telaraña. La había bastado un golpe de vista para que todo le cerrara. Allí había tensión. Y de la más intensa. Claro que en sus planes no había estado la sesión de sexo procaz en que Rita lo había involucrado, sin mucha oposición de su parte. Finalmente las cartas estaban echadas. Se dispuso a ser espectador del desenlace. Con suerte sólo sería una buena anécdota. O tal vez no. 

R. pareció despertar de pronto de su ensoñación y evaluó cuál sería la actitud que se esperaba de él. Actuó sin pensar. Sería lo mejor. 

-Rita…¿Qué hacés acá?

-Yo podría preguntar lo mismo, pero no lo voy a hacer. No me interesa. Lo que hago acá es obvio. Osvaldo es mi analista.

-Ah… 

Sobrevino otro incómodo silencio. Roxanna estaba pálida. No iba a hablar de no ser estrictamente necesario. 

-No sabía que tenías otra hija…- Dijo Rita dedicándole a Roxanna una mirada despectiva.

-Rita…No empecemos. No es momento ni hace falta.

-Como siempre sos vos el que decidís cuándo es momento y cuando no…

-Rita…

-Bah…Está bien. Hoy estoy cansada. Necesito una siesta. Otro día la seguimos. 

Eligió retirarse. Lo hizo a paso lento. Deliberadamente lento, sus tacos proponiendo un tac…tac…tac cansino sobre el parquet mal lustrado. Cuando estuvo lo suficientemente cerca de Roxanna como para oler su perfume importado, se acercó a su oído y en un tono de voz apenas audible, le dijo:  

-Te acercás una vez más a mi hijo y te mato… 

La palidez de Roxanna era alarmante. Sus labios azules. 

-Te mato…repitió. 

Parecía que esa había sido su sentencia definitiva y comenzó a apartarse de la joven. Pero antes de hacerlo del todo volvió sobre sus pasos y agregó en un susurro: 

-No sabés lo bien que coge Osvaldo… Reanudó su marcha impasible hacia la puerta. La abrió y antes de desaparecer le dedicó una mirada socarrona a la pareja-despareja. 

-Sean felices…-se despidió en voz baja, sin dejar de sonreir.  

R. y Roxanna estaban consternados. Para cada uno y por diferentes motivos, lo que acababa de suceder había sido muy fuerte. Por lo intenso de la situación. Y por lo inesperado.

R. se había sentido confrontado en un momento y lugar en que se sentía seguro. Eso lo había descolocado, aunque por fortuna la beligerancia de Rita estaba en un nivel extrañamente bajo. Por otra parte conocía bien a su ex esposa. Hubiera podido jurar que había exhibido la actitud superada e indolente que usualmente adoptaba después de coger…Pero…¿Allí? ¿Con su psicólogo?.

Estaba confundido. El no conocía a la nueva Rita post-divorcio. La Rita que pensaba “…Yo quiero matar a todos los hombres. Y los mato cogiéndolos. Los hago sentir Dioses para después revolcarlos en la mierda. Que asuman su insignificancia. Que noten que fácil es para mí manipularlos a mi antojo…”

Para R., la madre de sus hijos era una mujer madura recuperándose de una separación traumática, no una arpía ninfómana con los sentimientos muertos o anestesiados, incapaz de expresar otra cosa que no fuese odio y rencor. De ahí su desconcierto. 

Roxanna también estaba aturdida. Había recibido tres mazazos en uno: Debió confrontar con la mujer a la que le había usurpado el marido de una forma totalmente planeada y consciente. La misma mujer que era madre de un hijo adolescente con quien mantenía relaciones sexuales cada vez más frecuentemente (y, vale decirlo, cada vez con mayor creatividad. El chico tenía talento…y materia prima). La madre lo sabía. No entendía cómo, pero lo sabía. Y la había amenazado de una manera que le había llegado al alma. No dudaba que esa mujer sería capaz de matar. Lo había visto en sus ojos. También le había escupido en la cara lo de Osvaldo, su fantasía aún insatisfecha. ¡La vieja guacha le había ganado de mano! Toda mujer lleva adentro una bruja…y una puta. Es una ley genética irrefutable. Justo ella tuvo que cruzarse con la más bruja y la más puta de todas.

Gabu, tan loca como Rita, continuó:

  Nuevamente hacerle frente a lo cotidiano, salir de aquel gris consultorio con la diferencia que esta vez Rita se sentía sucia, su mente no estaba bien, se perdía. Caminaba sobre las veredas del barrio de Belgrano sin rumbo. Los recuerdos venían a su memoria como diapositivas, en un orden confuso y sin sentido.


El inesperado encuentro con R. y Roxanna la había afectado bastante. De pronto estaba cara a cara con el tipo que la había abandonado y con la pendeja de 20 años que había ocupado su lugar, minutos después de haberse tirado al psicólogo como si fuera a acabarse el mundo. Demasiada tensión para su psiquis en estado cada vez más frágil. Y entró en crisis… De pronto recordó su infancia en aquellos lúgubres colegios de monjas elegidos por su madre. Su madre…
El recuerdo de su muerte era tan confuso! No podía retener el rostro de “Doña Anita” como le decían en confianza. Se desesperó. De pronto nada estaba claro y la invadió el inmenso deseo de ir junto a ella.Rita creía que las almas de la gente que muere por causas naturales experimentan en otro mundo alivio y hasta alegría, mientras que las almas de los suicidas, todo lo contrario: Al trasponer las fronteras sólo hallan ansiedad y sufrimiento. Una vez Osvaldo le dijo de manera contundente: “…Si vos te separás de la vida con el alma en tormento, pasarás al otro mundo en el mismo estado…” y Rita al escucharlo quedo encerrada en las sombras de su propio laberinto.Su madre había sido una suicida y ella había heredado ese tendencia, esa determinación a darle fin a su existencia como una forma de huir de su sufrimiento, cuando en realidad es allí, justamente, donde todo recién comienza.
Quería reunirse con su madre para siempre. Llegar a ese lugar y encontrarla, salir de la prisión que era su vida y dejar de aportar puntualmente la cuota de penurias que el destino le había asignado en forma arbitraria.
Suponía que en el otro mundo el peso sería mucho mayor, pero por el momento eso la tenía sin cuidado.
Rita, educada bajo los cánones del catolicismo, sabía que dos cosas estaban absolutamente prohibidas: matarse a sí mismo y matar a otro. Si ella decidía suicidarse, esto significaría arrojar a la cara de Dios Su don. Romper el plan Divino preparado para ella era sacrilegio. Sabía que el suicidio se castiga muy severamente. Ni más ni menos que con el destierro de su alma…
Osvaldo había estudiado detenidamente su problema y daba fe de que Rita no deseaba apurar el fin de su vida. Como su psicólogo habría atestiguado que para Rita el otro mundo era incomparablemente mejor que el nuestro, pero ella había comprendido que la vida aquí tiene un importante valor preparativo, y que sólo Dios decide cuándo estamos suficientemente maduros para la eternidad.
Rita cuando niña había sufrido mucho a causa de la crueldad de su padre, que día a día se burlaba de ella. Ya adulta, no podía hablar de su infancia sin que una sensación de pesadumbre y desasosiego se apoderase de su espíritu. Un día, cuando tenía 7 años, exasperada por su padre se tiró del balcón de su habitación cabeza abajo, rompiéndosela contra el cemento. Estuvo muerta clínicamente. Vio su alma y cuerpo inanimado, cuando de repente brilló una fuerte luz a su alrededor. Pudo oír una Voz desconocida que le decía:
- Cometiste un error. Tu vida no te pertenece y tenés que volver.
Rita se opuso a aquella Voz:
- Pero nadie me quiere y nadie se ocupa de mí…
- Es verdad, y en el futuro será igual. Por eso tenés que aprender a ocuparte de vos misma.
Luego sintió un soplo tibio. Aquel espacio se derretía, la luz se esfumaba y sus ojos se abrieron repentinamente volviendo a la vida y entendiendo que, así como en la naturaleza, también en la vida hay períodos de invierno y de verano, que componen un ciclo indivisible. E inexorable…    
 Living dead continuó: R. y Roxanna ingresaron al consultorio de Osvaldo con paso vacilante, tratando aún de reponerse de la sorpresa de aquel cruce inesperado. El psicólogo había sido testigo de lo ocurrido, aunque había optado por permanecer a una distancia prudencial, alejado de la vista de la pareja. El también había necesitado algún tiempo para recuperarse, aunque su caso el motivo era bien diferente: Había sido arrollado por el Huracán “Rita”. Finalmente comprendió por qué los meteorólogos le ponen nombre de mujer a esos eventos tan destructivos. No había tenido oportunidad de hacer un “control de daños” luego de aquel combate sexual, pero una secuela resultaba evidente. Un arañazo a la altura del cuello había rasgado su piel. Una extensa línea roja con sus márgenes visiblemente inflamados. Más tarde debería desinfectar esa herida. Ahora no había tiempo. Abrochó el penúltimo botón de su camisa y subió un par de centímetros el cuello almidonado. Esperaba que aquello disimulara el arañazo… Se incorporó y salió al encuentro de la pareja. Besó a Roxanna en la mejilla y estrechó la mano de R., quien no dejaba de mirarlo fijamente de un modo ligeramente hostil. Los invitó a sentarse y comenzó oficialmente la sesión: 
- Bueno, R., es muy bueno que hayas venido. Roxanna sugirió que tengamos un par de sesiones grupales para conversar un poquito, ver qué les pasa como pareja y que de esa charla saquemos cosas positivas. ¿A vos qué te parece? - A mí me parece que estamos bien. Que no necesitamos nada de esto. Estoy acá para darle el gusto a ella…¿Vos sabías que Rita es mi ex esposa? - No. Las casualidades son increíbles –mintió el analista-, pero no nos ocupemos de eso. Decime de 1 a 10 cómo calificarías tu relación actual con Roxanna…

-10. Te dije que no tengo problemas…¿Cuánto hace que Rita se trata con vos? Osvaldo ignoró la pregunta y se dirigió a Roxanna: 

- ¿Y vos? ¿Qué puntaje le pondrías?

-Yo diría que… - ¿Qué te pasó en el cuello?-Interrumpió R., interpelando a Osvaldo.  -¿Qué? Ahh…¿Esto? No es nada. Me corté al afeitarme.-¿Te lo hizo Rita, no?

- No en…tiendo.

-Osvaldo balbuceaba sintiéndose a bordo de un fórmula 1 sin frenos rodando hacia una pared.

- Entendés perfectamente. Te la estuviste cogiendo acá mismo. Hace un rato. Yo no soy boludo…Eso es un arañazo y todavía se huele sexo en el aire.

- Bueno, Roxanna- Osvaldo intentaba asumir un tono profesional que le otorgara algo del crédito perdido- Vamos a dar por terminada la sesión, por razones obvias…

- Me lo dijo. –Dijo Roxanna en un tono apenas audible.

-¿Qué?

- Rita me lo dijo. Al oído y antes de irse. Me dijo “…No sabés lo bien que coge Osvaldo…” -  - Hijo de puta. R. se incorporó de un salto y golpeó a Osvaldo en el rostro. Con la mano abierta. El sonido estridente del cachetazo (un “chack” digno de Los Tres chiflados) tornó el gesto más ofensivo aún. Osvaldo cayó de su silla de modo gracioso, su espalda contra el piso y ambas piernas levantadas. Los anteojos le quedaron ladeados sobre el lado derecho de la cara. Roxanna debió ahogar una sonrisa a pesar de lo dramático de la situación. -Si vuelvo a saber de vos, te denuncio a la policía y al consejo de psicología. Vas a hacer psicoanálisis en Devoto…delincuente… 

R. salió como una tromba, dejando tras de sí una estela de furia.

Roxanna se acercó a Osvaldo, quien aún se hallaba en el suelo sin decir palabra. Ella se acuclilló junto a él y con dulzura le acomodó los lentes. Acercó su rostro al del psicólogo y lo besó suavemente en los labios: 

-Vos te lo perdiste…-le dijo al apartarse. 

Y siguió a R., quien ya estaba llamando al ascensor. 

  

Eleo continuó:

Rita salió como si la corrieran los mil demonios. Dentro de ella mezclas explosivas se agitaban armando una poderosa bomba molotov. Sensaciones corridas desde la risa al llanto, pugnaban en un combate de trincheras. Se ocultaba el llanto, escapaba la risa, que perseguía a la angustia a través de esos campos llanos que eran su psiquis. Carcajadas explotaban en su interior, junto con la apremiante necesidad de llorar alocadamente. Se sentía apretujaba dentro de un cuerpo que vivía una realidad ineludible, y como tal no había ningún cartel luminoso que dijera SALIDA en rojo. Si  debía ponerle un color a su vida desde que R la había abandonado, hubiera elegido el ROJO. Pero no era el rojo del escape, sino el color de la furia, de la agonía, de la sangre que se agolpaba en sus venas. Ese Rojo era tensión. Entregarse donde fuera y con quien fuera…era bermellón intenso. Borgoña, era sexo a elección. Y la venganza que planeaba completaba toda la escala de rojos.

Toda su vida había transitado por el amarillo limón. Ya con los años se había puesto más ocre, y pensaba envejecer con un oro viejo. Pero R. había trastocado toda la palestra de colores y tendría que pagar el precio.


Creía firmemente que para concretar sus planes no necesitaba demasiado esfuerzo. Sólo debía deslizarle algún indicio acerca de la relación prohibida que mantenían Damiancito y Roxanna. Eso sería suficiente para destruir a R. Pero ¿quién quería hacerlo tan sencillo? No ella, por cierto…

Rita lo veía a su ex de color azul profundo, casi noche. Las estrellas lo rodeaban. Lo asociaba con la madurez de un profesional exitoso, pero ella esperaba con alma maquiavélica y un buen socio como el tiempo, tornarlo gris plomo. Vetusto. Añoso. Hoy recorría por primera vez el camino en el que ella también sería la colorista de la vida de ese maldito y Rita se proponía ser cruel. 

Gabu, quien ya no tiene cura, continuó:

Mientras R. impaciente y arrastrado por la ira sube al ascensor, Roxanna lo abraza por la espalda al tiempo que la puerta se cierra. Se acerca y comienza a besarlo casi con curiosidad, tanteando la reacción de R., que por el espejo observa como la minifalda le marca el culo. Sin poder evitarlo siente como el cuerpo comienza a tembrarle ante los pequeños mordiscos que Roxanna improvisa en el lóbulo de su oreja.R. no lo piensa un minuto más y detiene el ascensor entre piso y piso a la vez que con la otra mano sostiene el culo de Roxanna notando que no tiene ropa interior. La mira, la apoya y la hace desear su miembro totalmente erecto refregándose directamente sobre la cara de ella. Roxanna lo observa con placer y esa sonrisita de turra pervertida que tanto lo calienta.Algo los tenia poseídos. ¿El aire viciado de sexo en el consultorio de Osvaldo, tal vez? No lo saben ni les importa averiguarlo.

Roxanna se aparta apoyándose sobre la puerta del ascensor. Abre ligeramente sus piernas y se toca; R. se baja levemente los pantalones dejando su glande hinchado y rojo a la vista para que ella se motive más aún, y lo consigue. Ve a Roxanna subirse despacito la pollera. No del todo, sólo lo suficiente para que R. pueda ver su sexo sin necesidad de agacharse.Ahora R. directamente se baja los pantalones mostrándole a Roxanna su resplandeciente pene. Ella responde bajándose la minifalda hasta los tobillos. Está fuera de si, masturbándose delante de R.

-No lo puedo creer…¿¡¡¡Por qué esperaste tanto tiempo para darme tanto placer!!!?
Como toda respuesta, ella alcanza a sollozar:
-Quiero que vos también te masturbes para mí…

Así es que R. empieza a masturbarse, sin poder entender la causa de que Roxanna está actuando así. Sólo con Rita había logrado tener sexo sin tabúes. Su pensamiento se interrumpe cuando Roxanna empieza a gemir como una loca mientras mira su entrepierna tocándose desenfrenadamente.

-¿Querés acción? Pedíme lo que quieras…

-Agacháte y laméme.

R. asombrado ve que Roxanna esta toda depiladita. Ella jamás había accedido a ese pedido de R. La carencia aniñada de vello que ella exhibe potencia su calentura. La chupa de manera tal que por momentos parece querer habitar dentro de ella. Obviamente no se olvida de lamerle el culito también. Roxanna se arranca la blusa dejando sus pechos al aire.Llevaba un buen rato R. lamiéndola sin parar cuando de pronto Roxanna comienza a moverse bruscamente y deposita en la boca de R. un caliente orgasmo.

La chica está irreconocible. Se incorpora toda transpirada, se termina de sacar la blusa y queda delante de R. desnudita. El pene de R. revienta de la erección y al verlo Roxanna se agacha y empieza a hacerle la mejor paja con sus tetas que jamás le habían hecho. Mientras la pija sube y baja entre sus tetas, sin poder creerlo R. observa admirado como se introduce a la vez la cabecita en la boca.No pasan más de cinco minutos de la deliciosa paja que R. disfruta como si fuera la última de su vida. Sabe que no va a aguantar mucho más. Ella también lo percibe así, suelta sus tetas y se la mete entera en la boca. No le llevó más de dos embestidas poder degustar todo el esperma derramado. Ella agradecida traga todo lo que puede.

Notan que la alarma del ascensor suena a lo lejos. Deben controlarse. Apelar a los últimos vestigios de cordura antes de que el instinto los obligue a abalanzarse uno sobre el otro…Los cuerpos palpitan de deseo, de ansiedad, desconocidos…
Roxanna le da un beso enorme. El la mira y en su cara sólo ve felicidad.
  

Living dead prosiguió: 

El dilema que se le presentaba a Angel no lo dejaba vivir. A fin de cuentas él se lo había buscado solo y del mismo modo debía resolver el entuerto. La vida es una sucesión ininterrumpida de encrucijadas: Siempre hay que elegir; desde cosas tan simples como el menú del almuerzo hasta las otras verdaderamente complicadas, en las que se juega el futuro de ese instante cósmico que llamamos vida. 

Su presente se dividía en dos flancos bien definidos. Uno de ellos se componía de su matrimonio frustrante, con una esposa que se había probado el traje de inútil mantenida y le había gustado como le sentaba. “…La belleza y el sexo todo lo justifican…”, solía decir su padre. ¿Qué hacer entonces cuando la lozanía se retiraba sin aviso, cuando la gravedad hacía estragos en el otrora espléndido cuerpo de su mujer? ¿Cómo hallar incentivos para soportar su carácter agrio, sus ínfulas pretensiosas, sus exigencias desconsideradas, sus principios pacatos?

Sus hijos.

La respuesta tendía siempre a converger hacia allí: Sus hijos. Eran buenos chicos y él los adoraba, pero el progreso económico había tenido su precio. Ahora ellos eran poco más que extraños para él a causa del poco tiempo que les había dedicado. Para peor, su mujer descargaba en ellos su resentimiento de esposa insatisfecha: “…Porque su padre esto…su padre aquello…” Su devaluada imagen seguía cayendo frente a los ojos de sus hijos. Podía sentirlo en su frialdad y la distancia que interponían ante cualquier intento de acercamiento de su parte. 

Esa vida rodaba por el sendero del tiempo en piloto automático. Las primeras canas en la barba habían sido su toque de atención: Si quería cambiar su destino debería ser pronto, o sería demasiado tarde. Pronto sería un vegetal. Un muerto en vida deambulando sin rumbo hasta que la eternidad pusiera fin a su tormento. 

El otro flanco de su vida era monopolizado por Rita. Rita y su desparpajo. Rita y su ingenio. Rita y su pasión desinhibida . Ella se hallaba en las antípodas de Mariángeles. Si recurría a la letra muerta del “manual del pirata”, ella reunía todos los requisitos para convertirse en un dolor de cabeza de esos que no se van ni con las aspirinas más potentes. 40 largos. Separada poco tiempo atrás. Carácter vehemente (“podrido”, dirían en el barrio). Tres hijos grandes. Un poco loca. Segura de su sexualidad (aquí, en el barrio, dirían “trola”). Y ni siquiera estaba demasiado buena. “Pero así es el amor”, exclamaría orgulloso algún guionista de cualquier novela costumbrista de Polka. Se sentía capaz de dar el gran paso. De saltar al abismo. De dejar todo atrás para probar suerte nuevamente y poder irse de este mundo gritando ¡Señores, yo lo conseguí: Me jugué y fui feliz! 

Pero Rita tenía otros planes.

Tal parece que Angel era como todos. Sólo la quería para tener sexo. Para descargarse. Estaba segura que Angel sería capaz de abandonar a su esposa por ella, del mismo modo que R. lo había hecho, dejando atrás a su familia sin remordimientos. Angel no era de fiar. Los hombres no eran de fiar. ¿Quién le aseguraba que Angel no se iba a cansar también de ella? Y entonces se iría. Cómo se había ido R. Estaba en su naturaleza que después de eyacular los hombres comenzaran a desviar, invariablemente, la vista hacia la puerta de salida… 

Ella no iba a permitir que eso pasara. 

No otra vez.

Gabu continuó: 

Ni Rita ni R. podían olvidarse fácilmente, sabían que todo lo que los separó fue aquel inicio de forma accidentada, de diversos modos que gozaron de las maneras más sucias, morbosas y degeneradas.
Para R. fue difícil aquel día cuando encontró a Rita jadeando con otro, y aunque fue comprensible su reacción, darle una buena paliza era lo mínimo que ella se tendría que haber ganado; nunca imaginó que ese hombre la defendería y menos que cambiaria sus vidas; Rita impactada lo vió intervenir y la paliza termino llevándosela R., al intentar golpearla y llenarla de reproches.
R. jamás borraría de su mente ese día que marco un antes y un después con Rita, caminando junto a la desabrida de Roxanna ahora devenida en femme fatal, le vinieron a la cabeza imágenes y palabras del ultimo encuentro con Rita…
Con certeza sabía que Rita estaba dispuesta a recibir aquella paliza, R. sabia que debería sentir vergüenza de sus actitudes violentas, en principio tratando de golpear a Rita, aunque fuera sólo una puta más para él y luego a Roxanna, su esposa a la cual debió proteger y no elegirla para divertirse y de última satisfacerse.
R. aún tenía su machismo herido, se consideraba poco hombre al no haber podido satisfacer, complacer y darle lo que una mujer como Rita necesita sexualmente. Por eso decidió desquitar su enojo con Roxanna y golpearla hasta cansarse, pero había un detalle que parecía superfluo, R. siempre que golpeaba a Roxanna primero la miraba y le preguntaba si ella tenia motivos para serle infiel; R. era consciente que debía preguntárselo él mismo, con Rita siempre hacia una estúpida ecuación: “si me siento engañado es porque tal vez ella es la engañada que desee un hombre que le cumpla las fantasías y se las haga vivir, cuando yo solamente puedo hacer que vea la luna y las estrellas”.
Por momentos R. entendía el motivo por el cual Osvaldo adivino sus frustraciones, Rita era el nexo, el mismo diablo que metía la cola por todos lados.
Aquella noche R. guardo silencio y tranquilamente salió de la habitación sintiendo un miedo terrible y más cuando lo escuchó a Héctor insistiendo continuar con el contacto. Tenía miedo, la vió a Rita extremamente excitada y dejó que continuara la copulación mientras observaba.
Observar el contacto desde la lejanía le daba miedo, pero también mucha degeneración sexual en aquellos instantes. Y así entraron en ese mundo, 7 ó 9 veces más, Héctor regresó y reafirmó que sólo se trataba para él de diversión y deleite. Mantenerse como espectador motivó a R. a beber, a refugiarse en el alcohol para aceptar la necesidad de los cuernos. Luego llegó Miguel poco duro por no llenarla a Rita con sus deseos y caprichos.
En una sola tarde el mundo de ambos cambió hasta llegar a los limites de R. viendo claramente que no colmaría los deseos de los que Rita estaba tan segura, por un instante R. tomaba impulso en el vino; pero triste fue comprender que Rita se había convertido en una prostituta perversa, y encima confuso creía que insistía en la relación porque a él también le gustaba y por eso cada vez que tenía decidido dejarla, volvía, la buscaba, aceptaba que la amaba por puta.
Rita era todo LIBIDO Y MORBO y R. había aceptado el placer encantador de mirar el goce causado por otro, le gustaba dormir a su lado sintiendo la viscosidad del cuerpo y las sabanas.
R. anhelaba la llegada de ese día donde sin necesidad del alcohol Rita hiciera el amor sobre su cuerpo, que lo hiciera cornudo, porque amaba los cuernos y no sabría ser feliz sin ellos.
Habían practicado la intimidad en trío durante un par de años, pero la experiencia siempre fue con la misma persona porque R. no quería sentirse promiscuo; todo terminó porque aquel tercero ya no era afín a las nuevas fantasías sexuales de Rita.
Y ahora Roxanna le pedía experimentar cosas mas atrevidas, obscenas, morbosas…
Roxanna en familia, con amistades, con vecinos ó conocidos era extrema discreción; pero en la intimidad le pedía a R. intimar con personas totalmente ajenas a su círculo social, quería experimentar un nivel sexual primario a niveles extremos. Por momentos R. se preguntaba donde tuvo escondida Roxanna tanta LUJURIA y ARREBATO, tenía raptos de sabiduría donde exploraba la mente de R. descubriendo su lado oscuro.
Unos meses atrás Roxanna era totalmente inexperta, respetable, definida, tímido, retraída, inhábil y torpe.
Inexperta… Era una alumna, ahora una maestra.
Respetable… Solo vivía para las acciones a beneficio, ahora se atrevía a sus gustos y locuras.
Definida… Concebía la pareja sólo de a dos, ahora deseaba tener otro tipo de contacto sexual.Tímida… Reprimía su intimidad, sus actitudes y sus reacciones, ahora liberada tomaba el control de sus necesidades sexuales involucrándose.Retraída… Encerrada en su propio yo, ahora no esperaba que otro actúe antes para dejarse llevar.Inhábil… Incapaz de satisfacer la necesidad básica sexual, ahora sabía que cualquiera con virilidad podía proporcionarle un orgasmo placentero.Torpe… Estúpida para detectar los tiempos y momentos propicios, ahora utilizaba la intensidad en el lenguaje de formas insólitas.Las cosas entre R. y Roxanna estaban pactadas perfectamente:
R., voyeurista fascinado de ser cornudo pero ahora sin alcohol, asumido, de amplio criterio, con fantasías actuales planteadas a Roxanna, como probar el líquido seminal de otro hombre de forma indirecta del cuerpo de su esposa ó que Roxanna fuese sometida mientras R. se encuentra con atado y amordazado ó hacer simultáneamente sexo oral mientras ella es penetrada.
Roxanna, exhibicionista decidida a dar rienda suelta y libremente a todos sus deseos y fantasías actuales también planteadas a R., como tener doble penetración vaginal al mismo tiempo, filmar sus contactos sexuales, ser observada teniendo sexo en un lugar público.
R. volvió a ser el mismo de antes, el de siempre…
Alegre, romántico, ardiente, generalmente seguro de si mismo, en ocasiones se reprocha las sensaciones y emociones sexuales que experimenta con Roxanna, pero siente la necesidad de gozar de los cuernos, casi llega a la depresión pero nada de consecuencias mayores.
R. tiene muy clara la visión de que cada quien trae sus propias cualidades y la de él es ser amigo, esposo, padre, hijo, hermano y cornudo. En lo sexual él no es nada fuera de lo normal se esfuerza por agradar y satisfacer a Roxanna aunque muchas veces le sea difícil, sabe que no necesitó hacer algún estudio para comprender que el temperamento sexual de Roxanna que tarde ó temprano tendría que aflorar.
Ella no es alguien que tenga el permiso para tener amantes, pero si tiene la comprensión y aceptación de él para hacerlo siempre y cuando sea con seguridad y discreción, gozando de observar a Roxanna bien puta aunque aún sienta la resaca de la moralidad.
Rita sin querer en el pasado dejó abierta una puerta…
Al ingresar R. y Roxanna descubrieron que hay un momento fundamental para poder continuar como pareja y ese momento llega cuando se respeta a la persona por sobre toda institución.
El matrimonio es una cosa, el compromiso con la persona, con los sentimientos de amor y cariño son otras cosas independientes de la necesidad de amantes y de fantasías. Esto nunca cambiará los sentimientos de ambos. Son cosas muy distintas los sentimientos que los unen y las necesidades sexuales.
No todo en esta vida puede ser maravilloso.
Digamos que los esposos están para llenarnos de seguridad, amor, cariño, sexo y estabilidad moderada.
Y los amantes, para darnos toda esa libertad de ser nosotras mismas, liberando monotonía y tensión. Aflorando todas aquellas conductas inmorales que durante años de limitaciones fueron acumulándose.

Eleo dio el pie:

Rita ultimó los detalles a la perfección, el plan se había puesto en marcha. Para acabar con R, alguien debía de morir. Y se remontó a su sesión inspiratoria con la bruja, digamos que no había ido con ninguna idea preconcebida, pero esa tarde ella había alumbrado su plan. Al ver su figura imponente por la puerta, se sintió diminuta,quedó inmóvil. Un brazo carnoso la envolvió y la hizo penetrar a un recinto totalmente discordante con ese hall penumbroso…

Living dead continuó

Cuando Rita vio aparecer el cuerpo voluminoso de la bruja, tuvo que reprimir una sonrisa desdeñosa que sin dudas hubiera resultado ofensiva. La niña que le había abierto la puerta desapareció por un pasillo con agilidad felina, dejándola sola con aquella bola de sebo con supuestos poderes psíquicos.La bruja la miró a los ojos y ella le sostuvo la mirada. Parecía una pulseada entre dos fortachones seguros de sí, no dispuestos a ceder. Finalmente Madame Gabrielle se limitó a decirle un seco “Seguime”. 

Y Rita la siguió. 

Entraron a una habitación pequeña, ambientada convenientemente. Cortinados de terciopelo rojo, flores de raros tonos oscuros y santería de cultos indefinidos, flanqueaban una pequeña mesa circular. Se sentó dificultosamente en una silla de amplio respaldo que emitió una queja doliente.

Con un gesto sutil invitó a Rita a acomodarse frente a ella, mesa de por medio.La actitud de Rita era de franco escepticismo. Todo hasta allí le había parecido una burda puesta en escena. Un negocio montado para explotar la ignorancia de las eventuales clientas. Una representación con introducción, desarrollo, climax y desenlace: La chica de aspecto frágil que da paso a la montaña de carne de gesto intrigante, el sucucho ambientado como una estereotípica película de bajo presupuesto y la bruja escupiendo dos o tres generalidades del tipo “te vas a casar con un extranjero”, “alguien importante en tu vida empieza con M” o “veo que tuviste desengaños amorosos”.

La clienta paga y se va contenta, pensando que con esos datos su vida será más sencilla. No le sería tan fácil con ella. Ella no era como las demás. 

-¿Qué querés saber? 

-Quiero saber. El “qué” es su trabajo… 

La bruja la miró desafiante. No le había gustado nada ese tono hostil. Rita estaba caminando sobre hielo quebradizo. 

-Sos de Libra y siempre fuiste tímida.

-Soy de Escorpio y me gusta encarar a los hombres.

-… 

-Superaste un grave problema de salud.

-Tengo 12-8 de presión. Hace años que ni siquiera me resfrío. Nunca me operé de nada. Ni siquiera uso la prepaga.

-… 

El clima se iba espesando.

El semblante de Rita oscilaba entre la burla y la indignación. A Madame Gabrielle eso no parecía preocuparle. 

-Estás enamorada de un hombre mayor que vos.

-No estoy enamorada de nadie. Me estoy curtiendo a un tipo que tiene un año menos que yo…Ya está, señora. Creo que es suficiente… 

Rita se levantó de la silla arrastrando las patas contra el parquet sin plastificar. El ruido que hizo fue como pasar la uña por el pizarrón. Tiró con desprecio tres billetes de diez pesos sobre la mesita, dio media vuelta y se encaminó a la salida. Antes de que Rita desapareciera por completo, sonó una voz a sus espaldas. Monocorde. Sin inflexiones: 

-Tu marido se fue con una pendeja preciosa. Te dejó sola con tus hijos adolescentes en medio de una crisis depresiva. Te estás viendo con un tipo que no te importa nada con quien no hacés proyectos. Tu ex está caliente con vos porque descubrió que tuviste sexo con el psicólogo y todavía siente cosas por vos. Lo que más te jode, sin embargo, es que la actual pareja de él está teniendo un romance con tu hijo de 16 años… 

Rita se dio vuelta con ojos desorbitados y lentamente comenzó a acercarse a la mesa, recuperando su sitial. Madame Gabrielle la miraba con una sonrisa sobradora: 

-Quiero saber más.

-No sé si quiero decirte más. Quise ahuyentarte con un par de incoherencias, pero mi don es más fuerte que yo…No elijo, en este caso…Ni en ninguno…

-Hablá de una vez.

-Muerte. La muerte te ronda. Dios se apiade de tu alma… 

Eleo continuó: 

Su gran figura se movió grandilocuente. Su soberbia inundó la sala y con gesto parsimonioso se llevó la uña de su dedo índice a su boca. Rita sabía que esa mujer no se comía las uñas. Sus movimientos eran premeditados, nada librado al azar. Ese gesto infantil  alertó a Rita más que la palabra “muerte”…

Muerte no la sorprendía.

Muerte la acompañaba desde el noticiero de TN todos los santos días de su vida. Pero ese pequeño gesto acompañado de ese chupar sibilino de su dedo, le hizo estremecer cada ínfima parte de su piel.
La bruja se regodeó con el efecto producido y tornó más lentas sus palabras. Desde que ella había entrado todo le sonaba a duelo, y no estaba dispuesta a deponer armas. Cuando su última clienta había franqueado la puerta, alarmas tintineantes habían sonado en la cabeza de la bruja. No era que ella fuese una gran prestidigitadora, sino que la actitud hostil de Rita era tan abierta que hubiera sido imposible no verla. Esta mujer había entrado con uniforme de combate. Y a Bruja le encantaban los desafíos. Decidió que se divertiría con ella.

En un principio, cuando notó que le había entregado mucha soga, la enrolló y volvió a tirar.

Dos más dos sumaba cuatro, acá y en la China. La persona que había recomendado a Rita no había podido evitar aludir a su historia personal, así que detalles escuchados nimiamente habían sido suficientes para inmovilizar a la siguiente incauta, en esta caso llamada Rita. Su historia de vida, sumada a experiencias limítrofes, devino en “Muerte” y satisfecha con la fórmula obtenida la vertió sobre su última cliente, desconocedora Bruja “…de los efectos que provocaría…”, según declararía después…

Una Rita diferente salió de aquel improvisado templo del culto a la estafa. Una Rita “recargada”. Más confundida. Más resentida…Más peligrosa.

Y Eleo le puso un moño:

Tecleó y lo citó.

Lo esperó sentada en un lúgubre callejón. Cuarenta minutos después, se perfiló su figura gallarda recortada en las sombras. R la llamó, y el rebotar de su voz en esas mugrientas paredes le provocó escalofrios.
- ¡Rita!, ¡Rita!…¿estás ahí?.
Ella se incorporó lentamente. El la vio venir y de inmediato notó algo extraño en su mirada. Era una mirada perdida, ida. De alguien que se abstraía de todo tiempo y espacio, moviéndose como una autómata…
-Rita…¿Estás bien?
Como respuesta solo recibió un contundente “NO”, seguido de un chasquido metálico. Sintió un ligero impacto contra su cuerpo. Sorprendido solo atinó a tocarse ese pedazo de carne desgarrada, de donde brotaba sangre profusamente. Intentó no caer, pero el esfuerzo fue inútil. Sus piernas le fallaron y se desplomó. Boqueó, pero el aire le era esquivo.
Maldito aire. Maldita Rita…

Intentó pedir ayuda, pero ya Rita se aproximaba peligrosamente. Se le acercó y se inclinó sobre él. Por un momento pensó que lo socorrería, pero cuando la mano enguantada de la mujer le tapó la boca, supo que era el final. No le fue difícil acabar con el traidor. Ahora faltaba una última pieza para culminar su venganza. Volvió a teclear, y llamó a Roxanna…

Fue fácil persuadirla: le habló de Damián.
En el breve tiempo que tardó en llegar, Rita movió el cadáver de su ex, y pensó sobre lo fácil que era comprar armas en Argentina. Casi un “delivery”. El puntero apropiado, y ahí estaba… recargada. Lista para seguir matando. Le sugirieron un sicario…pero ¿quién le quitaba lo bailado, la extrema dicha de tener en sus manos la decisión de matar o perdonar?

Se sentía endiosada. El poder de la vida y la muerte pasaban por esa 22 de corto calibre, pequeña, fácil de empuñar, compañera (instrumento) de su venganza.

La escuchó llegar. Tímida y temerosa. Obligada por la amenaza de esa cita que estaba implícita. Rita con su pie corrió el cuerpo de R, hasta que ella lo pudiera ver.
Cuando Roxanna vislumbró ese cuerpo amado tirado sobre el piso, no lo pensó. Corrió desesperada hacia él, lo dio vuelta y contempló la cara de su amor en agonía. Quiso gritar “…Loca ¿qué hiciste?…”, pero antes que las palabras surgieran de su boca al galope, sintió el cañón de un arma que se le apoyaba en la nuca.

Y no escuchó nada más…

Rita se irguió después de comprobar que su venganza estaba consumada. Tiró el arma y camino deprisa por ese callejón cómplice, que ahora susurraba historias de traiciones, venganzas y muerte desesperada…

-Si, -sonrío- muerte…

La bruja había atinado otra vez…